Que la zeta sea la última letra tiene su propia razón
Va más allá de que a alguna letra le tiene que tocar ser la última...
Este es el octavo capítulo de un nuevo libro que estoy preparando para publicar —si todo va según lo previsto— en el tercer trimestre de 2026. Se trata de un libro divulgativo sobre* el latín y el griego, así como etimologías y cultura clásica.
¡Asegúrate de apuntarte para recibir las novedades sobre su lanzamiento!
Si uno se plantea por qué es la zeta concretamente la última letra del abecedario latino, tanto en tiempos romanos como en lo que podríamos llamar alfabeto latino internacional en la actualidad, de primeras podría pensar que por pura necesidad alguna letra debe ser la última y simple y llanamente le tocó a la zeta.
Y, sin embargo, en un principio la zeta no era la última letra, sino que le pasó como a quien fue a Sevilla y perdió su silla…
La z es el equivalente latino de la dseda o dseta griega (Ζ en mayúscula, ζ en minúscula). En ambos idiomas, esta letra representaba una pronunciación [ts] o [ds] (como en la palabra pizza pronunciada a la italiana, no a la española), y/o —según la época— [sd]. En el alfabeto griego, la dseta ocupaba la sexta posición y no la última como lo hace actualmente la zeta.
¿A qué se debe este cambio desde la sexta posición hasta el final del abecedario? A las reformas ortográficas de Apio Claudio el Censor (también conocido como el Ciego, responsable de la construcción de la célebre Vía Apia y del primer acueducto de Roma, el Aqua Appia) a finales del siglo IV a. C.
Eliminó la letra z cuando la primitiva s sonora (como en el inglés zoom o el italiano o catalán casa), que existía en el periodo más arcaico del latín, evolucionó a la vibrante simple /r/ por el fenómeno denominado rotacismo: la s entre vocales pasa a r.
Tenemos muestras de esta s primitiva en los textos latinos más antiguos, como la fíbula de Preneste, el más antiguo del que disponemos actualmente, del siglo VII a. C.):
Manios med fhefhaked Numasioi [latín arcaico]
Manius me fecit Numerio [versión en latín clásico]
También, en la conocida como inscripción de duenos (entre los siglos VII y V a. C.):
iouesat deivos qoi med mitat, nei ted endo cosmis virco sied [latín arcaico]
iurat deos qui me mittit, ni erga te comis virgo sit [versión en latín clásico]



