¿Por qué es tan rara la consonante /w/?
Esto explica la pronunciación de los alemanes en las películas y el lío de be y uve en español...
El betacismo latino —cuyos efectos continuaron en las lenguas romances— tiene como una de sus partes la evolución de V /w/ a v /v/ en la mayoría de las lenguas hijas. Esta evolución, lejos de ser algo específico del latín y las lenguas romances, es muy frecuente en las lenguas del mundo.
Veamos qué pasó con la *w del protoindoeuropeo, cómo tantas lenguas llegan hasta /v/, y cómo a menudo acabamos teniendo otra /w/ de origen secundario.
Protoindoeuropeo *w
En lingüística indoeuropea se reconstruye una deslizante aproximante labiovelar *w (o *u̯ según la bibliografía, p. ej. Fortson), a pesar de que muchas de las lenguas hijas van a tener no una deslizante, sino una fricativa (normalmente /v/).
De hecho, a día de hoy solo lenguas de la rama germánica occidental (entre las que destaca el inglés) conservan la *w primaria como [w]. Incluso dentro de esta rama lo normal fue la evolución a una fricativa (p. ej. en alemán).
Las deslizantes (yod y wau) son sonidos inestables en mayor o menor medida y tienden a resolverse de diversas formas según las lenguas, el contexto fónico, etc., ya sea perdiéndose por completo o debilitándose p. ej. en una aspiración, ya sea reforzándose en una fricativa (con posibilidad de posteriores evoluciones).
Veamos algún ejemplo de evolución de *w en lenguas hijas, p. ej. con la raíz *welh₁- ‘querer, escoger’:
latín volo /ˈwoloː/
italiano volere /voˈleɾe/
sardo bòlere/vòlere /ˈβɔleɾe/
español ~voluntad /bolunˈtad/
inglés will /wɪl/
alemán will /vɪl/
védico vará /ˈʋɐ́ɾɐ/ ‘elección’
griego ἔλδομαι < *ἐϝέλδομαι /eˈweldomai/ ‘desear’


