Verba volant, scripta manent
Aunque suele atribuírsele a Horacio, realmente no escribió el —relativamente— famoso adagio latino...
Las palabras vuelan, lo escrito permanece. Tenemos el mismo mensaje desde dos puntos de vista: las palabras se las lleva el viento, que decimos en español, y lo escrito es lo que realmente vale, ya sea para bien (p. ej. un contrato) como para mal (¡esos mensajitos a altas horas de la noche!).
La cita se atribuye a varios autores, entre ellos a Horacio, pero realmente él dice un poco lo contrario:
semel emissum volat inrevocabile verbum
Epístolas I.18, 71
La traducción, con algo de contexto previo (trad. Germán Salinas):
[piensa] lo que vayas a decir de otro y [ten en cuenta] a quién lo dices, huyendo del preguntón que todo lo charla, pues sus orejas, siempre abiertas, no saben guardar el secreto confiado, y la palabra que una vez se pronuncia ya no puede ser recogida.
E incluso, según lo entendamos, dice asimismo medio lo contrario:
nescit vox missa reverti
Ars poetica 390
Ídem:
no digas ni escribas nada a despecho de Minerva, y, si algo escribieres [...] guarda nueve años los manuscritos en tu cartera. Podrás corregir lo que no hayas dado a luz; pero la palabra pronunciada ya no puede recogerse.
Dicho sea de paso, todo esto me recuerda a una cita de Heródoto que me gusta mucho. Hablando de las costumbres de los persas, afirma lo siguiente:
Desde los cinco a los veinte años, enseñan cuidadosamente a sus hijos solo estas tres cosas: a cabalgar, a disparar el arco y a decir la verdad.
Historia I.136


