«Veni, vidi, vici», la famosa frase de Julio César
Lo más importante: ¿cómo que es «vici» y no «vinci»?
Suetonio recoge una de las más famosas citas de Julio César: Veni, vidi, vici, o sea, Llegué, vi, vencí. La habría pronunciado a raíz de la batalla de Zela (47 a. C.) contra Farnaces II del Ponto.
Lo cultural
La frase se hizo famosa precisamente porque condensaba esa idea de rapidez fulminante: no solo había vencido, sino que lo había hecho casi de inmediato, en una campaña brevísima (menos de una semana) que le permitía volver a centrarse en los problemas mayores de la república romana. Por eso quedó como una fórmula de propaganda política y militar: breve, sonora y eficaz, perfecta para presentar a César como un general capaz de imponerse con una facilidad casi irresistible.
Lo lingüístico
Ahora bien, a nosotros nos interesa sobre todo el aspecto lingüístico: la aliteración de v (que —recordemos— Julio César pronunciaría [w], no [v]), y especialmente la forma vici, que carece de n, pese a que frecuentemente se ve u oye la versión incorrecta *vinci.
La cuestión es, pues, si en español tenemos vencí, ¿por qué no es *vinci en latín, sino la forma relativamente rara vici?
Es verdad que el verbo latino era vincere, con n, pero en la frase tenemos el pretérito perfecto, que va sin ella. ¿Por qué? Simplificando bastante, ahí la «anomalía» está en el tema de presente; es el pretérito perfecto el que es «normal»: esa raíz originariamente no tiene n, como podemos ver por ejemplo en victoria, no *vinctoria.
El presente tiene lo que se llama un infijo nasal, la n (o m ante p o b), que es un añadido sobre la raíz pura, que va sin n. Es el mismo caso que en romper (m ante p) y ruptura, o fingir y ficción, o pintar y pictórico.


