Los tiranos eran buenos para el pueblo
Otra cosa es que incluso los políticos buenos tiendan a pervertirse...
Es relativamente famosa la frase Sic semper tyrannis!, literalmente ¡Así siempre a los tiranos! En el imaginario colectivo no estadounidense, esta frase tiende a relacionarse con el asesinato de Julio César, pero realmente se supone que la dijo el asesino de Abraham Lincoln tras volarle la tapa de los sesos, inspirado a su vez en el lema de Virginia. (Por cierto, ¿puedes imaginarte hoy día a alguien profiriendo una frase lapidaria en latín, así en general, y más aún después de tal efeméride? Yo, no).
Sea como fuere, ahí queda bastante claro que la tiranía y el tirano tienen una connotación sumamente negativa: algo y alguien de lo que hay que librarse; el tirano es aquel que abusa de su poder, es injusto, impone su voluntad sin que le importen los demás.
Y, sin embargo, esto no siempre fue así…
Inicialmente, tirano hacía referencia simplemente a un rey soberano, pero sin connotaciones negativas como hoy. Sí que incluía el matiz de que se había hecho con el poder de forma… irregular en mayor o menor medida, pero ya.
De hecho, los tiranos solían hacerse con el poder por y para el pueblo, valiéndose para ello de la demagogia y el populismo, pero ciertamente era el pueblo el que solía salir beneficiado frente a la aristocracia.
Por ejemplo, Pisístrato, en el siglo VI a. C., redistribuyó las tierras, hizo muchas obras públicas y fomentó la cultura: se dice que fue el responsable de poner por escrito por primera vez las obras de Homero, y se considera que su tiranía fue en buena parte fundamental para el inminente auge de la Atenas clásica.
Pero, como decíamos, sus métodos para hacerse con el poder fueron —digamos— sumamente heterodoxos, incluyendo pasearse en un carro con una actriz que simulaba ser la mismísima diosa Atenea.
Por cierto, los tiranicidios no los inventaron ni Bruto ni Wilkes Booth; ya a Hiparco, el propio hijo de Pisístrato, le dieron matarile los famosos tiranicidas Harmodio y Aristogitón.
Puedes saber algo más sobre Pisístrato y el destino de sus hijos, los conocidos como Pisistrátidas, en este capítulo del videoaudiolibro de La historia de los griegos:





