El rey que ceceaba y la pronunciación castellana de la zeta
La leyenda urbana dice que había un rey medieval por el cual los españoles pronuncian la zeta como lo hacen; pero... sí, sí que había un rey medieval que ceceaba...
Hay una leyenda urbana no muy difundida en España, pero sí mucho en otras partes como Estados Unidos (hasta el punto de que la Enciclopedia Británica le ha dedicado un artículo1), según la cual la pronunciación de zeta como interdental /θ/ viene de un rey que ceceaba. A partir de ahí, la corte y la población en general habrían adoptado la costumbre por adulación, para dar a entender al rey que esa pronunciación ceceosa no tenía nada de malo, o simplemente por deseo de adquirir rasgos lingüísticos regios; o algo así…
Cualquiera mínimamente escéptico podrá imaginar que la historieta no tiene ni pies ni cabeza desde un punto de vista lingüístico. Sin embargo, sí que hay una base histórica real: efectivamente, había un rey que «çeçeaua vn poco en la fabla». La cuestión es que hay que entender bien lo que quiere decir esto.
(Al final del texto tienes también la versión en vídeo de este artículo).
¿Ceceaba el rey Pedro el Cruel?
El rey en cuestión es Pedro I de Castilla, conocido como el Cruel, del siglo XIV. El historiador López de Ayala, del mismo siglo, cuenta en efecto que «çeçeaua vn poco en la fabla». Por tanto, confirmamos que sí que hubo un rey castellano que ceceaba, pero hay que tener en cuenta qué más dice López de Ayala y especialmente entender el significado de este verbo.
En primer lugar, el historiador sí que dice que «çeçeaua vn poco en la fabla», pero en ninguna parte dice él —ni ningún otro, para el caso— que los cortesanos o los castellanos en general empezaran a cecear a raíz de eso ni nada mínimamente parecido2; o sea, que esta parte es simple y llanamente inventada para dar alguna base a la leyenda urbana.
Pero, más importante aún, en el siglo XIV, çeçear no significaba lo mismo que cecear como lo usamos hoy en día (a grandes rasgos, pronunciar de la misma forma las letras ‹z› y ‹s› como si fuera todo ‹z›). Antiguamente, hacía referencia a defectos de pronunciación en general, tales como los que hoy en día puedan resolver los logopedas: en mi caso, fue la erre (rotacismo), pero en general sigmatismo, lambdacismo, dislalia, disglosia, disartria o disfemia (tartamudez); aquí incluso podríamos meter cierta articulación ceceosa similar al ceceo actual, pero ese es solo uno de los muchos problemas englobados en el antiguo concepto de çeçear.



