El escriptorio de Nebrija

El escriptorio de Nebrija

La hache que aparece y desaparece

De una misma raíz tenemos palabras con y sin hache como «huevo» y «oval»: ¿por qué?

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Paco Álvarez
mar 18, 2026
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Un huevo tiene forma ovalada; los huesos reposan en los osarios; los olores se huelen. ¿Y lo de uebos con ‹b› y sin ‹h›? Eso es un bug en la RAE, como veremos. Pero, al fin y al cabo, todo tiene una explicación con un poquito de lingüística histórica.

La primera pregunta, por supuesto, es: ¿por qué huevo, hueso, huelo, hueco, etc., se escriben con ‹h›, mientras que van sin ‹h› oval, óseo, oler, oquedad —sí, sí: oquedad sin ‹h›—? Esto viene de la mismísima Edad Media, aunque nosotros tenemos que remontarnos incluso hasta el latín, porque las palabras de las que proceden van sin hache: ovum, ossum, olere, occare.

O sea, lo que hay que explicar es la presencia de la hache.

Es fácil ver que la hache aparece en las formas con el diptongo ue, mientras que las formas con o se mantienen sin hache como en latín. ¿Y por qué tenemos de una misma raíz formas con ue y formas con o?

Tenemos el diptongo ue cuando el acento va en esa sílaba, y la vocal o cuando el acento va en otra sílaba; esto es lo mismo que por ejemplo en dormir y duermo, duerme, duerme, dormimos, dormís, duermen.

Pero, en fin, vayamos a la cuestión de la hache: ahora sí, nos vamos a la Edad Media.

El porqué de la hache

Ya en latín había una sola letra para lo que hoy es ‹u› por un lado y ‹v› por otro, y esto seguía siendo así en la Edad Media. Por tanto, en los manuscritos medievales podemos encontrar el artículo vn escrito con lo que parece ser una uve, y de la misma forma el verbo ueer con lo que parece una u. Esto es porque en la Edad Media se trataba de dos variantes de una misma letra que representaba dos sonidos distintos, pero el uso de una variante u otra no se distribuía según el sonido que representara, sino de forma relativamente aleatoria.

Será mucho más tarde cuando la variante redondeada sea una letra separada de la variante picuda y cada una represente única y exclusivamente un sonido. De hecho, todavía incluso los primeros textos de la RAE en el siglo XVIII las tratan parcialmente como la misma letra. Por ejemplo, en la Orthographia Española aparecen en el mismo apartado, que empieza así:

Esta letra [nótese el singular], que es en unas ocasiones vocal, y en otras consonante, tiene quatro formas, ó figuras. Quando es vocal se escribe, si es mayúscula, assi U, y en la Imprenta la llaman U de calderilla. Si es minúscula se forma assi u, y estas se escriben siempre que la U es vocal. Quando es consonante, tiene otra figura, que siempre se llama en las Imprentas de corazon, y se forma assi V v.

Real Academia Española, Orthographia Española

Frecuentemente en la obra se hace mención a la «V consonante», como que hace falta distinguirla de la «U vocal».

En cualquier caso, al menos la RAE ya marcaba la distribución de la variante redondeada para la vocal y la variante angulosa para la consonante, pero no era así en la Edad Media, como ya hemos dicho. Esto implicaba que si escribimos, por ejemplo, uevo o uesso, no sabemos si la primera letra representa una vocal o una consonante: ¿es [ˈu̯eβo] o [ˈβeβo]; [ˈu̯eso] o [ˈβeso]?

Lo mismo pasaba realmente con la ‹i› y la ‹j›, pero eso es ya otra cuestión. Por ejemplo, Nebrija dice lo siguiente:

diez i ocho consonantes: b, c, d, f, g, l, m, n, p, r, s, t, z, la i, u cuando usamos dellas como de consonantes [...]. a, b, c, ch, d, e, f, g, i, i consonante, l, m, n, o, p, ph, r, s, t, th, u, u consonante, y griega, z [...].

Nebrija, Gramática de la lengua castellana

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