¿Gayo o Cayo? ¿Gneo o Cneo?
¿Cuál es la forma filológicamente adecuada de estos nombres romanos?
Fueron muchos los grandes personajes de la historia romana cuyo praenomen (el equivalente a nuestro nombre de pila) fue Gayo o Gneo. Sin ir más lejos, ahí tenemos a dos famosos políticos y generales como Gayo Julio César y Gneo Pompeyo Magno.
Ahora bien, es muy frecuente encontrar estos nombres escritos como Cayo y Cneo, con una C inicial en lugar de la G que he empleado yo. Aquí explicaremos, con la filología clásica en la mano, por qué lo filológicamente adecuado son las formas Gayo y Gneo.
(Versión en vídeo al final del texto).
El origen de la confusión está en el propio latín
Los romanos tenían pocos nombres de pila, los famosos praenomina. Teniendo en cuenta lo que costaba escribir una letra en un trozo de piedra o de mármol (p. ej. para un monumento, lápida, etc.), es comprensible que fueran muy aficionados a las abreviaturas.
Los nombres, siendo pocos y por tanto muy repetidos, eran blanco fácil para ahorrarse unas letras. Si hablamos de Publio, bastaba con escribir P. para que todo el mundo supiera que se trataba de Publius, igual que todos los hispanohablantes sabemos que q se usa como abreviatura de que, etc.; otro ejemplo sería L. por Lucius, o sea, Lucio.
Según todo esto, los nombres Gaius y Gnaeus deberían aparecer abreviados con una G. (para que una misma inicial no diera lugar a confusión entre un nombre y otro por empezar igual, la costumbre era que uno de los nombres se abreviara con dos letras, igual que A. representaba Aulus, y otros nombres que comenzaban con la misma letra añadían más; así, Ap. para Appius).
Y sin embargo, no encontramos las abreviaturas G. ni Gn....
Historia de la letra G
Los romanos tomaron su abecedario del alfabeto etrusco, que a su vez fue una adaptación del griego. Aunque los griegos sí tenían el fonema /g/, representado con la gamma (γ, mayúscula Γ), los etruscos reciclaron esta grafía para representar el fonema /k/, ya que la lengua etrusca no tenía oclusivas sonoras como la /g/: basta con girar unos 45 grados hacia la izquierda la grafía Γ para obtener una C un poco angulosa.
Aquí cabe precisar que todas estas gentes escribían todo en mayúsculas, por lo que es adecuado (incluso necesario) que nosotros empleemos, en este caso, también mayúsculas.
Los romanos, que, como hemos dicho, adaptaron el alfabeto etrusco para crear el suyo, se encontraron con que no tenían una letra para representar el fonema /g/ (que el latín sí tenía), por lo que usaban la C para representar tanto /k/ como /g/. No sería hasta el siglo III a. C. que se les ocurrió la idea de coger esa C y ponerle un signo diacrítico, una rayita, que acabó en la G.
De esta forma, la lengua latina introdujo una mejora importante en su alfabeto, ya que siempre es deseable que cada fonema tenga su propia letra:
C /k/
G /g/
Las abreviaturas de Gaius y Gnaeus
Según lo dicho, una conclusión lógica a la que podríamos llegar es que Gaius se abreviara C. antes del siglo III a. C., y G. a partir de entonces; y lo mismo con Gnaeus.
Pero no, no es eso lo que tenemos: incluso tras la aparición de la letra G, las abreviaturas seguían siendo con C.
Veamos por qué…



