Etimología de «lavabo», «placebo» y «Tibidabo»
Todas vienen del antiguo futuro latino desaparecido en las lenguas romances...
No es casualidad que lavabo, placebo e incluso Tibidabo tengan ese mismo soniquete al final de la palabra, y es que su etimología está íntimamente relacionada por un hecho bastante insólito: son sustantivos que proceden de la primera persona del singular del futuro de indicativo latino.
En latín, el futuro de indicativo no se parecía absolutamente nada al de las lenguas romances1: por ejemplo, amaré sería amabo, veré sería videbo, etc. Este tipo de conjugación, en resumidas cuentas, se perdió, salvo fosilizado en palabras como estas tres.
Así pues, literalmente lavabo viene del latín ‘lavaré’, y placebo, de ‘agradaré’. Más concretamente, la referencia de lavabo la ofrece el propio DLE:
lavabo [inter innocentes manus meas] ‘lavaré [mis manos entre los inocentes]’, palabras del salmo 26 que pronunciaba el sacerdote mientras se lavaba las manos antes de la consagración, de las cuales la primera acabó designando el recipiente en que lo hacía.

Pero la más llamativa es la de Tibidabo, que literalmente significa ‘te daré a ti’, por unos versículos de la Vulgata en los que el diablo le ofrece a Jesús «todas estas cosas» desde una gran altura:
haec tibi omnia dābō si cadens adōrāveris mē
Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Otras versiones dan otros versículos como el origen, pero creo que el versículo concreto no importa tanto como el concepto en sí.
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De hecho, había dos formas absolutamente diferentes de conjugar este tiempo verbal, según a qué conjugación perteneciera el verbo; esta disparidad es posible que influyera en la propia desaparición de los futuros latinos.



