<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[El escriptorio de Nebrija: «El libro de los piratas», de Henry Gilbert]]></title><description><![CDATA[Traducción de «The Book of Pirates» (1916), de Henry Gilbert (1868-1936).]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/s/libro-piratas-henry-gilbert</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png</url><title>El escriptorio de Nebrija: «El libro de los piratas», de Henry Gilbert</title><link>https://escriptoriodenebrija.com/s/libro-piratas-henry-gilbert</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Wed, 10 Jun 2026 12:01:20 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://escriptoriodenebrija.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Paco Álvarez]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[nebrija@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[nebrija@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[nebrija@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[nebrija@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[El secuestro de César]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/secuestro-cesar</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/secuestro-cesar</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:58:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>En la popa, con el jefe de los mercaderes, viajaba un hombre joven y discreto, un romano a juzgar por su vestimenta, de rasgos aristocr&#225;ticos y porte audaz y seguro. Vest&#237;a una t&#250;nica de lana blanca, con mangas que llegaban hasta las mu&#241;ecas, donde estaban cortadas con una especie de fleco. La prenda estaba apenas ce&#241;ida por un cinto. En aquella &#233;poca, la t&#250;nica con flecos y el cinto holgado se consideraban signos de afeminamiento. En los pies llevaba zapatos de cuero escarlata. Al ver que las galeras piratas se acercaban cada vez m&#225;s, el joven se rio de los gritos lastimeros del mercader.</p><p>&#8212;Es in&#250;til que te lamentes &#8212;dijo con sorna&#8212;. Si hubieras esperado a los otros mercaderes, habr&#237;as podido derrotar a estos bribones. Tal como est&#225;n las cosas, te superan en n&#250;mero por tres a dos.</p><p>&#8212;Pero yo quer&#237;a llegar al mercado antes que los dem&#225;s &#8212;se quej&#243; el viejo y codicioso mercader&#8212;. &#161;Qu&#233; p&#233;rdida! Estos bribones me har&#225;n pagar muy caro mi rescate. &#161;Ay, si hubiera esperado...!</p><p>El joven se dio la vuelta con un bostezo. Dos criados estaban cerca, y orden&#243; a uno que pidiera a su m&#233;dico que fuera a verle; al otro le dijo que le llevara la toga y que dijera al resto de sus criados que subieran a la popa. Luego se apoy&#243; ociosamente en el costado del nav&#237;o y contempl&#243; la veloz embestida de la primera galera.</p><p>El mercader, viendo que no hab&#237;a escapatoria, hab&#237;a ordenado a sus esclavos que dejaran de remar, y sus marineros estaban arriando las velas. Pronto las galeras mercantes perdieron el rumbo y se quedaron inm&#243;viles sobre el agua. Esp&#225;rtakos condujo su galera a menos de cien metros; entonces, con una sola palabra, sus hombres dejaron de remar y la galera se desliz&#243; a corta distancia.</p><p>&#8212;&#191;Qu&#233; barco es ese? &#8212;le preguntaron.</p><p>&#8212;El vellocino de oro, de Rodas &#8212;fue la respuesta&#8212;, propiedad de Vinius el lidio.</p><p>&#8212;Si Vinius el lidio est&#225; ah&#237;, que suba a bordo &#8212;&#8205;fue la orden&#8212;. Si no est&#225;, que venga el capit&#225;n.</p><p>Vinius, el viejo mercader, subi&#243; entonces a una peque&#241;a barca con dos de sus hombres y, llevando consigo su dinero y sus joyas, fue conducido a remo hasta la galera pirata. Mientras tanto, el joven arist&#243;crata, rodeado de sus sirvientes, se sent&#243; con Cinna, su amigo y m&#233;dico y, sacando un pergamino del pliegue del pecho de su toga, comenz&#243; a hablar de su contenido, como si la visita de unos trescientos piratas, que no daban importancia a hundir las galeras y la gente a bordo de ellas, fuera algo cotidiano.</p><p>Al poco rato, de cada uno de los barcos piratas zarp&#243; un bote repleto de hombres. Abordaron el gran mercante y, tras examinar r&#225;pidamente la carga para comprobar su valor, se concentraron en los pasajeros de la popa.</p><p>Fue la r&#225;pida vista de Esp&#225;rtakos la que distingui&#243; al joven caballero romano en el centro de su s&#233;quito. Mientras avanzaba por la pasarela hacia la popa, gru&#241;&#243; a Mikios, que estaba tras de s&#237;:</p><p>&#8212;Aqu&#237; hay alg&#250;n v&#225;stago de Atenas o Roma que pagar&#225; por nuestros servicios.</p><p>Al llegar a la popa, los piratas se dirigieron hacia el grupo. Los sirvientes se cerraron en torno a su amo, movimiento ante el cual Esp&#225;rtakos rio.</p><p>&#8212;&#161;Apartaos, perros! &#8212;dijo&#8212;. Quiero el dinero de vuestro se&#241;or, no su vida.</p><p>&#8212;&#191;Qu&#233; pasa, Formio? &#8212;dijo el joven romano.</p><p>Los esclavos abrieron paso a los piratas, que se acercaron al joven noble. Este, envuelto en su toga con su franja de color p&#250;rpura intenso, levant&#243; la vista con un ligero aire de fastidio por ser molestado.</p><p>&#8212;&#191;Qui&#233;n eres? &#8212;pregunt&#243; Esp&#225;rtakos con dureza, disgustado por el aire altivo del arist&#243;crata.</p><p>El otro mir&#243; a su interlocutor con una sonrisa condescendiente durante un instante. Luego, con un gesto, se volvi&#243; hacia su amigo con estas palabras:</p><p>&#8212;D&#237;selo, Cinna.</p><p>El m&#233;dico, un hombre de edad avanzada, mir&#243; con altaner&#237;a al pirata y dijo:</p><p>&#8212;Este se&#241;or es Gayo Julio C&#233;sar, de Roma.</p><p>&#8212;&#191;Cu&#225;nto pagar&#225; por su vida y la de su gente? &#8212;pregunt&#243; el pirata.</p><p>Cinna se encogi&#243; de hombros y mir&#243; a su amo, que, sin embargo, hab&#237;a vuelto a su libro. Esp&#225;rtakos esper&#243; una respuesta, pero, como ni C&#233;sar ni Cinna parec&#237;an pensar que la pregunta les concerniera, y no intentaron romper el fr&#237;o silencio, Esp&#225;rtakos, con una furiosa maldici&#243;n, se volvi&#243; hacia Mikios y dijo:</p><p>&#8212;&#191;Cu&#225;nto valen, crees? Por la soberbia que tienen, no bastar&#237;a ni el tesoro de Midas.</p><p>Mikios mir&#243; a la multitud de esclavos y libertos como si estimara su valor de mercado, y luego murmur&#243; una sugerencia a su capit&#225;n.</p><p>&#8212;Lo doblar&#233; &#8212;replic&#243; Esp&#225;rtakos&#8212;: veinte talentos es lo que quiero.</p><p>C&#233;sar levant&#243; la cabeza y en sus ojos se reflej&#243; una mirada de aut&#233;ntica c&#243;lera.</p><p>&#8212;&#161;Veinte talentos! &#8212;dijo con frialdad&#8212;. Mi buen amigo, me temo que ninguno de los dos sabe de lo que habla. &#161;Cualquiera que me conozca os dir&#225; que valgo al menos cincuenta talentos!</p><p>Esp&#225;rtakos se qued&#243; mudo de sorpresa. Por regla general, la gente estaba deseosa de pagar el rescate m&#225;s bajo que sus captores aceptaran, y que un prisionero incrementara el precio que le hab&#237;an puesto era algo inaudito. Adem&#225;s, la tasaci&#243;n de C&#233;sar (equivalente a casi un mill&#243;n de euros en el siglo xxi) era una cantidad asombrosa. Esp&#225;rtakos hizo un esfuerzo para superar su sorpresa y acept&#243; la oferta.</p><p>&#8212;Como quieras &#8212;dijo, con una risa &#225;spera&#8212;. Cincuenta talentos pagar&#225;s antes de volver a ver Roma.</p><p>&#8212;Enviar&#233; a mi gente con cartas a Roma &#8212;respondi&#243; C&#233;sar&#8212;. Los embarcar&#225;s rumbo all&#237; de inmediato, y el dinero estar&#225; en tus manos para las calendas de agosto.</p><p>Esp&#225;rtakos frunci&#243; el ce&#241;o; de alg&#250;n modo, este arist&#243;crata parec&#237;a estar dando &#243;rdenes, y su captor ten&#237;a que obedecerlas. El pirata gru&#241;&#243; y se march&#243;. Al poco rato, las galeras de los mercaderes viraron y remaron hacia la isla, donde anclaron en una peque&#241;a bah&#237;a y desembarcaron los ricos aparejos y mercanc&#237;as para a&#241;adirlos a las provisiones de los piratas. C&#233;sar, el mercader y su gente fueron alojados en caba&#241;as del poblado de los piratas, situadas en un amplio campo verde justo debajo de la alta roca que formaba el puesto de vig&#237;a de Esp&#225;rtakos y su banda. All&#237; esperar&#237;an el momento de recibir el dinero de los rescates. En pocas horas, C&#233;sar hab&#237;a escrito sus cartas a amigos y parientes en Roma, y a la ma&#241;ana siguiente el barco mercante m&#225;s peque&#241;o fue ocupado por los piratas, los libertos y esclavos de C&#233;sar, que deb&#237;an llevar las cartas; subieron a bordo y, con viento favorable, se puso rumbo a Italia. El mismo d&#237;a, los piratas, en una de sus propias galeras, llevaron a algunos de los esclavos del mercader a Mileto, que estaba a pocas millas de distancia, en tierra firme. C&#233;sar tambi&#233;n envi&#243; cartas a trav&#233;s de ellos a sus amigos de Asia Menor, en particular a Nicomedes, el rico rey de Bitinia.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cómo Pompeyo liberó Roma de los piratas]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/como-pompeyo-libero-roma-piratas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/como-pompeyo-libero-roma-piratas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:37:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>Por insolentes y arrogantes que hubieran sido los piratas, hasta entonces no se hab&#237;an atrevido a interferir en gran medida con los barcos de grano que iban y ven&#237;an entre el T&#237;ber y Egipto, transportando grano de las f&#233;rtiles tierras del Nilo para llenar los graneros de Roma. Tampoco cortaban el paso a los comerciantes que se dirig&#237;an a la ciudad de las Siete Colinas. Pero hacia el a&#241;o 78 a. C., se hab&#237;an vuelto tan audaces como para detener el comercio desde Roma, y entonces los senadores tuvieron que armarse de valor. Decidieron erradicar a los piratas de sus guaridas en Cilicia, y para ello enviaron al proc&#243;nsul Servilio al frente de una escuadra para destruirlos por completo. En tres dif&#237;ciles campa&#241;as en los arroyos y entre las monta&#241;as de Cilicia, infligi&#243; grandes p&#233;rdidas a los piratas, y a su regreso a Roma le dieron un triunfo. Hab&#237;an ganado una batalla, pero no la guerra...</p><p>Cuando, en el a&#241;o 73, el gladiador Espartaco, con su ej&#233;rcito de esclavos fugitivos y bandidos, desafi&#243; el poder del Senado romano, negoci&#243; con los piratas para que le ayudaran, y a lo largo de las costas de Italia llevaron a cabo muchos actos de destrucci&#243;n, mientras que Espartaco derrotaba a un general tras otro enviado contra &#233;l por los campos de la pen&#237;nsula. En el a&#241;o 71, Espartaco fue abatido, y los piratas desaparecieron durante uno o dos a&#241;os.</p><p>Entonces, sus depredaciones se volvieron m&#225;s insolentes de lo habitual, y los senadores tomaron medidas t&#237;midas contra ellos. Su m&#233;todo consist&#237;a en conseguir que alg&#250;n aliado mar&#237;timo les prestara una flota, que pon&#237;an al mando de un general que, tras quemar unas cuantas galeras piratas, capturar una o dos ciudades y dar muerte a algunos centenares de bandidos, consideraba que ya hab&#237;a hecho bastante.</p><p>De hecho, los romanos odiaban y tem&#237;an el mar. Nunca hab&#237;an sido marineros, y hasta el final de su historia nunca llegaron a dominar el mar. Por lo tanto, nunca mantuvieron una flota permanente, y a todos los efectos dejaron las aguas del Mediterr&#225;neo en posesi&#243;n de los astutos piratas, que amaban los barcos y el mar. Si los asaltantes del mar no hubieran desconfiado unos de otros, sino que se hubieran agrupado bajo alg&#250;n l&#237;der de talento, a Roma le habr&#237;a resultado realmente dif&#237;cil acabar con ellos. Pero los malhechores no pod&#237;an actuar de com&#250;n acuerdo. Cada clan de marinos se manten&#237;a en su propia parte del Mediterr&#225;neo, y cualquier corsario que se encontraba fuera de su territorio era tratado con dureza.</p><p>Los isle&#241;os de las Baleares dominaban todos los mares de Hispania, el sur de la Galia y las costas de Mauritania; una horda de d&#225;lmatas dominaba el Adri&#225;tico; las galeras de los cretenses acechaban las islas del Egeo; y desde las costas de Asia Menor hasta la desembocadura del Nilo los panfilios y los cilicios barr&#237;an los mares con sus flotas, que a veces contaban con un centenar de naves.</p><p>Hacia el a&#241;o 67 a. C., las incursiones de los piratas se estaban volviendo demasiado audaces incluso para que los romanos, que odiaban el mar, siguieran soport&#225;ndolas con tanta paciencia. De hecho, los piratas les atacaban donde eran m&#225;s vulnerables: en su suministro de alimentos. Lleg&#243; una mala temporada en la que los campos de cereales de Italia se vieron afectados por plagas y enfermedades. Al mismo tiempo, los barcos egipcios que transportaban el esperado grano no llegaron, y pronto se supo que los sacos de dorado cereal destinados a las hambrientas multitudes romanas estaban siendo vendidos por los insolentes piratas en los mercados de Asia Menor y las islas griegas. Al instante hubo un clamor de venganza; se produjeron disturbios en Roma, y los senadores se vieron obligados a emprender la destrucci&#243;n de aquellos que estaban amenazando la vida misma del Estado.</p><p>Afortunadamente, Roma ten&#237;a en Pompeyo al general perfecto que, a diferencia de los muchos generales que hasta entonces solo hab&#237;an hecho chapuzas, cumplir&#237;a con su deber a la perfecci&#243;n y pondr&#237;a fin a la campa&#241;a de forma satisfactoria. El pueblo confiaba tanto en sus poderes que le concedi&#243; el control total del Mediterr&#225;neo durante cinco a&#241;os; deb&#237;a tener bajo su mando una flota de quinientas galeras &#8212;mayor que cualquiera de las que se hab&#237;an reunido hasta entonces&#8212; y su autoridad hab&#237;a de anular los poderes de los c&#243;nsules y pretores al frente de cada una de las provincias romanas cuyas costas estaban ba&#241;adas por las aguas del Mediterr&#225;neo.</p><p>Pompeyo ten&#237;a veinticuatro lugartenientes a sus &#243;rdenes, junto con ciento veinte mil soldados de infanter&#237;a y cinco mil de caballer&#237;a. Reuni&#243; a sus lugartenientes en Br&#237;ndisi, donde estaba reunida la mayor parte de la gran flota, y les expuso sus planes. Cada hombre deb&#237;a tener a sus &#243;rdenes un cierto n&#250;mero de galeras, y con ellas deb&#237;a mantenerse dentro de una zona determinada del Mediterr&#225;neo, y en esa zona deb&#237;a buscar y destruir todos los bastiones piratas y quemar o hundir todas las galeras pertenecientes a los corsarios. Hab&#237;a trece de estas divisiones, que, como pronto comprobaron los piratas, eran como las partes de una gran red, pues, si hu&#237;an de una, ca&#237;an en otra.</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/como-pompeyo-libero-roma-piratas">
              Read more
          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los piratas del Mediterráneo]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/piratas-mediterraneo</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/piratas-mediterraneo</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:36:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>En esta &#233;poca, el poder de los piratas del Mediterr&#225;neo estaba en su apogeo. Ning&#250;n pa&#237;s de las costas del mar estaba a salvo de sus depredaciones en muchos kil&#243;metros tierra adentro. Desde los albores de la historia, los piratas hab&#237;an surcado el Mediterr&#225;neo, pero, desde hac&#237;a unos cuarenta a&#241;os, circunstancias especiales les hab&#237;an proporcionado los medios para aumentar su influencia. La conquista de Grecia por los romanos hab&#237;a arrojado a miles de griegos despose&#237;dos y descontentos a las filas de los saqueadores mar&#237;timos; luego hab&#237;an venido las guerras civiles en Roma, que hab&#237;an hecho que los romanos pasaran por alto los acontecimientos que ocurr&#237;an en el mar; y, por &#250;ltimo, la ayuda prestada por los piratas a Mitr&#237;dates, rey del Ponto, en su larga guerra contra el Estado romano, hab&#237;a aumentado su confianza y audacia.</p><p>Cada isla del Egeo era un nido de piratas, y sus barcos acechaban detr&#225;s de numerosos promontorios boscosos y en muchos arroyos sombr&#237;os a lo largo de las costas del continente, desde las Columnas de H&#233;rcules hasta las costas de Siria. Quiz&#225; Cilicia, en Asia Menor, fuera la cuna de la pirater&#237;a. Se trataba de una tierra monta&#241;osa, cubierta de bosques casi impenetrables, con una costa repleta de desembocaduras de r&#237;os y arroyos. Estas &#250;ltimas ofrec&#237;an numerosos puntos de refugio para las largas galeras negras, y los escondrijos de las colinas proporcionaban refugios protegidos donde, cuando los almirantes romanos los persegu&#237;an demasiado de cerca, los piratas pod&#237;an ocultarse, y donde, cuando su poder aument&#243;, escond&#237;an a sus rehenes y su bot&#237;n. Creta y Chipre eran tambi&#233;n los lugares favoritos de los corsarios, pero, a medida que aumentaba su arrogancia, sal&#237;an audazmente de sus escondites y se lanzaban a mayores objetivos.</p><p>Segu&#237;an saliendo como ara&#241;as de sus agujeros cuando los vig&#237;as les avisaban de que se acercaba una galera mercante, pero tambi&#233;n formaban alianzas entre ellos y, uniendo sus fuerzas, atacaban las ciudades ricas de la costa y se apoderaban de los lugares protegidos. Las ciudades deb&#237;an ser rescatadas por los mercaderes que viv&#237;an en ellas, quienes en adelante deb&#237;an pagar tributo o el chantaje de los piratas en contraprestaci&#243;n por permitir que sus galeras anduvieran libremente por el mar.</p><p>Entonces, tambi&#233;n, se un&#237;an a ellos ciudadanos prominentes u otros hombres ricos, ya fuera por la vida aventurera o por la riqueza que se pod&#237;a obtener del bot&#237;n. Como resultado, la audacia de los piratas creci&#243; cada vez m&#225;s. El n&#250;mero de sus galeras aumentaba y la riqueza de sus aparejos era asombrosa. Sus grandes velas se hac&#237;an de pa&#241;o rojo o p&#250;rpura, los espolones y las popas de sus galeras devolv&#237;an la luz del sol con brillantes destellos de bronce, los toldos de seda se extend&#237;an a lo largo de las popas y las empu&#241;aduras de los grandes remos estaban chapadas en plata. As&#237;, en lugar de salir sigilosamente de sus escondrijos para cometer sus fechor&#237;as, ahora llamaban la atenci&#243;n y exhib&#237;an sus adornos mal habidos a plena luz del d&#237;a.</p><p>En algunas ciudades celebraban grandes juergas y fiestas continuas, se procuraban m&#250;sicos y bailarinas y corromp&#237;an a la gente honrada prodig&#225;ndoles sus f&#225;ciles ganancias e invitando a todos y cada uno a sus juergas de borrachos y a sus ricos banquetes.</p><p>Pronto se dijo que dominaban cuatrocientas ciudades en torno al Mediterr&#225;neo, que el n&#250;mero de sus galeras superaba el millar, y que sus naves eran tan r&#225;pidas y fuertes, y las tripulaciones, tan aptas en destreza mar&#237;tima y conocimiento del mar y tan agudas en la lucha, que ni siquiera Roma, que se jactaba de ser la due&#241;a del mundo, pod&#237;a ya esperar dispersarlas y destruirlas.</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/piratas-mediterraneo">
              Read more
          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La venganza de César]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/venganza-cesar</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/venganza-cesar</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:34:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>Valerio invit&#243; a su hu&#233;sped a cenar con &#233;l cuando llegaran a su villa de Mileto al cabo de una hora.</p><p>&#8212;Gracias &#8212;respondi&#243; C&#233;sar&#8212;, pero hoy no cenar&#233;. S&#237; te voy a pedir que me prestes cuatro galeras y todos los buenos combatientes que puedas comandar.</p><p>Valerio dud&#243;.</p><p>&#8212;&#191;Para qu&#233; quieres todo eso?</p><p>&#8212;Te pagar&#233; tres talentos por el pr&#233;stamo &#8212;respondi&#243; C&#233;sar&#8212;, y tendr&#225;s de vuelta tanto las galeras como los hombres sin mucha p&#233;rdida.</p><p>&#8212;Si piensas atrapar a esos piratas... &#8212;comenz&#243; a decir Valerio.</p><p>&#8212;No <em>pienso</em> en ello &#8212;replic&#243; C&#233;sar en tono cort&#233;s pero firme&#8212;: <em>voy</em> a atrapar a esos bribones, a cada uno de ellos, y los colgar&#233; como cuervos a lo largo de la costa para asustar a otros sucios bribones.</p><p>Hac&#237;a tiempo que Valerio hab&#237;a dejado atr&#225;s sus d&#237;as de lucha: ahora le gustaban las comidas bien cocinadas y los vinos griegos, pero reconoc&#237;a a un hombre dominante cuando lo ve&#237;a, y sin decir una palabra m&#225;s acept&#243;. &#191;Qui&#233;n era &#233;l para resistirse a la voluntad de este joven patricio, con, por lo que Valerio sab&#237;a, poderosos amigos en Roma, y que, en cualquier caso, era uno por el que se hab&#237;an pagado cincuenta talentos? Acept&#243;, pues, poner bajo el mando de C&#233;sar cuatro galeras y quinientos soldados, doscientos de los cuales eran combatientes experimentados de su propia guardia, y los dem&#225;s, auxiliares nativos.</p><p>&#8212;Y supongamos que consigues apresar a esos bribones desesperados &#8212;dijo Valerio&#8212;, pero no te prometo que te resulte una tarea f&#225;cil... &#191;Qu&#233; te propones hacer con ellos?</p><p>&#8212;Los traer&#233; aqu&#237; y te pedir&#233; que les des muerte a todos &#8212;fue la respuesta.</p><p>&#8212;&#191;Y crees que eso me servir&#225; de algo? &#8212;pregunt&#243; Valerio enfadado&#8212;. Tendr&#233; a todos mis mercaderes despotricando contra m&#237;. Tal y como est&#225;n las cosas, pagan su tributo a este Esp&#225;rtakos, y con eso sus galeras tienen libertad. Si lo crucificas, vendr&#225; un brib&#243;n igual de gordo y ocupar&#225; su lugar, y mis mercaderes tendr&#225;n que pagar m&#225;s extorsiones.</p><p>&#8212;Lamento amenazar estos gratos acuerdos comerciales &#8212;dijo C&#233;sar, con una sonrisa c&#237;nica&#8212;. Entonces te ahorrar&#233; la molestia de castigar a estos amigos de tus mercaderes y los llevar&#233; a P&#233;rgamo.</p><p>&#8212;Hazlo, y quedar&#233; encantado &#8212;replic&#243; Valerio, recuperando su buen humor&#8212;. Deja que el pretor Junio se ocupe del asunto. Adem&#225;s, solo &#233;l tiene derecho al poder de la vida y la muerte.</p><p>Tras unas palabras m&#225;s, C&#233;sar se separ&#243; del gobernador, que se alegr&#243; de ver la espalda de aquel joven que deseaba perturbar las c&#243;modas relaciones existentes entre los mercaderes de Mileto y los piratas que patrullaban aquella parte de la costa.</p><p>Mientras tanto, los piratas, tras regresar a la isla, se entregaron a una gran juerga para celebrar el rico bot&#237;n que tan f&#225;cilmente hab&#237;an conseguido. Se bebi&#243; mucho vino embriagador, se pronunciaron discursos jactanciosos, y se ameniz&#243; el momento con canciones y bromas. Incluso los vig&#237;as del punto m&#225;s alto de las rocas se hab&#237;an unido a la fiesta, y el mar hab&#237;a quedado sin vigilar. Por tanto, cuando, con la brusquedad de una tempestad surgida del cielo estival, los hombres se abalanzaron sobre ellos desde entre las rocas, los piratas, medio aturdidos, apenas pudieron oponer resistencia a lo que se les antoj&#243; un n&#250;mero abrumador. Los que intentaron luchar fueron abatidos; los dem&#225;s fueron rodeados y se les orden&#243; arrojar las armas.</p><p>&#8212;&#191;Qui&#233;n os manda? &#8212;grit&#243; Esp&#225;rtakos, balance&#225;ndose sobre sus pies, con rabia impotente en la voz.</p><p>De detr&#225;s de un grupo de soldados apareci&#243; la figura alta y esbelta de C&#233;sar, sonriente, pero con un brillo fr&#237;o en los ojos.</p><p>Esp&#225;rtakos se sobresalt&#243;; luego maldijo con vehemencia durante un rato, y despu&#233;s guard&#243; silencio. Mikios mir&#243; sombr&#237;amente a C&#233;sar y luego, con ebria gravedad, se volvi&#243; hacia Esp&#225;rtakos y mene&#243; la cabeza con gesto sabio.</p><p>&#8212;Dijo que nos crucificar&#237;a, y... &#161;y as&#237; lo har&#225;!</p><p>Rodeados por los soldados, que estaban de pie con las espadas desenvainadas listos para abatir a cualquier pirata que se aventurara a escapar o a resistirse, los bribones fueron inmovilizados y luego arrojados al fondo de las galeras. Solo unos pocos hab&#237;an escapado huyendo hacia el interior de la isla cuando se produjo el asalto sorpresa, y el n&#250;mero de apresados ascend&#237;a a unos trescientos cincuenta. C&#233;sar recuper&#243; tambi&#233;n la totalidad de los cincuenta talentos que hab&#237;an constituido su rescate.</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/venganza-cesar">
              Read more
          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[César, rescatado]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/cesar-rescatado</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/cesar-rescatado</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:33:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>Pocos d&#237;as despu&#233;s, de madrugada, se avist&#243; una galera que ven&#237;a de Mileto. El primer hombre que salt&#243; a las aguas cuando la nave se acerc&#243; a la orilla fue el liberto m&#225;s importante de C&#233;sar, Galo, quien, corriendo hacia su amo, se inclin&#243; ante &#233;l y le dijo:</p><p>&#8212;D&#243;mine, el asunto de los cincuenta talentos est&#225; resuelto. Est&#225; en manos del se&#241;or Valerio Torcuato, legado en Mileto. &#191;Debo preparar a mi se&#241;or para su partida inmediata de aqu&#237;?</p><p>&#8212;Dile al pirata Esp&#225;rtakos que mi rescate le espera &#8212;respondi&#243; C&#233;sar sin inmutarse&#8212;, y luego ven a verme.</p><p>Al cabo de una hora, las tres galeras estaban en marcha hacia Mileto atiborradas de hombres. En la primera iban C&#233;sar y su amigo Cinna, junto con el liberto Galo y los dos esclavos Cota y Mil&#243;n. Todos, excepto el propio C&#233;sar, mostraron una gran alegr&#237;a por encontrarse de nuevo en camino hacia la libertad. Hab&#237;an estado treinta y ocho d&#237;as con los piratas, por lo que hab&#237;a sido una ardua tarea para Galo y los otros esclavos de C&#233;sar reunir la suma de cincuenta talentos. Los bienes de C&#233;sar y de su esposa Cornelia hab&#237;an sido confiscados por Sila, que por entonces se hab&#237;a adue&#241;ado de Roma, pero C&#233;sar ten&#237;a muchos parientes y amigos ricos.</p><p>Durante los preparativos para la partida, C&#233;sar hab&#237;a permanecido sentado en silencio en la popa de la galera, contemplando la costa, de la que ahora se alejaban, como si tratara de fijar en su memoria el aspecto de las calas y los acantilados.</p><p>Esp&#225;rtakos y sus dos lugartenientes llegaron a popa. Estaban muy contentos ante la perspectiva de recibir una suma tan elevada por su reh&#233;n, pero, aunque Esp&#225;rtakos no preve&#237;a ning&#250;n ardid, siempre hab&#237;a tenido la costumbre, en estos casos, de asegurarse de todo. Sab&#237;a de piratas que hab&#237;an sido llevados a un lugar en el que se iba a pagar un rescate, para luego ser atacados y aplastados por tropas ocultas. Por esta raz&#243;n hab&#237;a llevado consigo a todos sus hombres bien armados, y el dinero deb&#237;a entreg&#225;rsele en la galera del gobernador, en un punto en mar abierto fuera del puerto de Mileto.</p><p>&#8212;No puedes decir que no te he tratado bien, C&#233;sar &#8212;dijo Esp&#225;rtakos con una risa ronca&#8212;. Cincuenta talentos de golpe no suelen caerle a un pobre corsario, pero creo que yo y mis compa&#241;eros te hemos tratado como a un rey.</p><p>&#8212;Ya me encargar&#233; yo de que tu amable trato hacia m&#237; no te beneficie si alguna vez te presentas ante el juez de P&#233;rgamo &#8212;fue la sonriente respuesta&#8212;. Ninguna palabra m&#237;a te librar&#225; de la cruz.</p><p>&#8212;Haz todas las bromas que quieras &#8212;dijo Esp&#225;rtakos, riendo&#8212;. Si alguna vez vuelves a caer en mis manos, te prometo que aumentar&#233; tu rescate: la pr&#243;xima vez ser&#225;n setenta y cinco talentos, &#161;por esa lengua afilada tuya!</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/cesar-rescatado">
              Read more
          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La conversación de César con uno de los piratas]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/conversacion-cesar-piratas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/conversacion-cesar-piratas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:32:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>Un d&#237;a, C&#233;sar se dirigi&#243; a un grupo de piratas, mientras estaban sentados despu&#233;s de la cena, y les dijo que iba a recitar un discurso que hab&#237;a compuesto. Era una versi&#243;n revisada de la parte final del discurso que hab&#237;a pronunciado en el Foro cuando hab&#237;a acusado a Antonio H&#237;brida de gobierno corrupto en Macedonia. Con toda solemnidad, mientras los hombres le miraban asombrados, les dijo que este discurso siempre le hab&#237;a dejado insatisfecho y que, m&#225;s que ninguno de sus otros discursos, le hab&#237;a convencido de que eran necesarias unas cuantas sesiones con el gran orador Mol&#243;n de Rodas &#8212;a donde se dirig&#237;a cuando los bribones se apoderaron de su persona&#8212; para perfeccionarse en el arte de la ret&#243;rica.</p><p>Entonces, durante alg&#250;n tiempo, despleg&#243; todas sus dotes de elocuencia sobre el grupo de desgraciados que ten&#237;a ante s&#237;. Con cada nueva frase exquisita, gesto noble y entonaci&#243;n elocuente, se esforzaba por hacerles comprender la fuerza de los argumentos con los que pretend&#237;a demostrar cu&#225;n absolutamente malvadas y perjudiciales para el Estado hab&#237;an sido las acciones del gobernador al aceptar sobornos de demandantes y mercaderes y al despojar a los viajeros de sus bienes. Pero todos sus esfuerzos fueron en vano: los piratas no se impresionaron lo m&#225;s m&#237;nimo e incluso se rieron de &#233;l, y a mitad de su discurso muchos se apartaron y empezaron a jugar a los dados o a un juego con huesecillos llamado mora.</p><p>Cuando termin&#243;, C&#233;sar los mir&#243; con amargura mientras se repantigaban en sus lugares. Algunos bromeaban sobre los gestos que hab&#237;a hecho; Esp&#225;rtakos dijo que le parec&#237;a demasiado hablar tanto de un hombre que se hab&#237;a llevado unos pocos bienes y sumas insignificantes de oro; mientras, otro rufi&#225;n, que se supon&#237;a que era un tipo muy c&#243;mico, empez&#243; a provocar carcajadas en un rinc&#243;n imitando los movimientos y los gestos de C&#233;sar mientras hablaba.</p><p>&#8212;&#161;Idiotas y b&#225;rbaros! &#8212;grit&#243; C&#233;sar&#8212;. &#161;Es como arrojar perlas a los cerdos o dar oro a los asnos el exponer ante vosotros la rica oratoria que yo poseo!</p><p>&#8212;Parece que los sabios no hac&#233;is otra cosa que hablar &#8212;gru&#241;&#243; Siros&#8212;. En cuanto a nosotros, los marinos, puede que seamos hombres rudos, pero hacemos mucho m&#225;s de lo que hablamos. A m&#237; dadme un hombre que haga cosas, no uno que hable de lo que otros hombres han hecho.</p><p>&#8212;&#161;Imb&#233;cil! &#8212;dijo C&#233;sar, con una sonrisa desde&#241;osa&#8212;. Supongo que nunca aprender&#225;s que las palabras pueden influir en los hombres mucho m&#225;s que tus brutales haza&#241;as con cuchillo y jabalina. Oh, cuando vuelva a ser libre, &#161;tendr&#233; el mayor de los placeres en ahorcaros a todos!</p><p>Diciendo esto, se alej&#243; con gran dignidad, envolvi&#233;ndose en su toga con un gesto se&#241;orial.</p><p>Los piratas se rieron mientras se alejaba de ellos.</p><p>&#8212;&#161;Qu&#233; bobo es este hombre! &#8212;dijo Esp&#225;rtakos con sorna&#8212;. Es todo palabras. Nunca nos ha contado nada que haya hecho &#233;l mismo.</p><p>&#8212;Ya se lo dije yo &#8212;dijo Siros&#8212;. Seguro que vomitar&#237;a si viera morir a un hombre. &#161;Y habla de crucificarnos!</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/conversacion-cesar-piratas">
              Read more
          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los piratas cilicios]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;El libro de los piratas&#187;, de Henry Gilbert.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/piratas-cilicios</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/piratas-cilicios</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jan 2024 10:14:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">El libro de los piratas</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/libro-piratas-henry-gilbert">, de Henry Gilbert</a>.</p><p>Era un radiante d&#237;a de verano, y al azul del Mediterr&#225;neo respond&#237;a el azul sin manchas del cielo, en el que el sol brillaba con toda la fiereza del mediod&#237;a. En una cala rocosa de la isla de Farmacusa, situada a pocas millas de la costa de Caria, en Asia Menor, hab&#237;a una larga galera negra, cuyo morro de cobre bru&#241;ido apenas asomaba a la entrada de la cala. Con sus bancos de remeros que charlaban tranquilamente sentados, sus remos negros no colocados a bordo, sino listos en sus manos, el m&#225;stil inclinado y la enorme vela medio enrollada, la galera ten&#237;a todo el aspecto de un escorpi&#243;n esperando en una hendidura de las rocas a alguna presa incauta.</p><p>Cada hombre llevaba un cuchillo bien afilado al cintur&#243;n, y en la caja bajo su asiento hab&#237;a suministros de jabalinas, arcos y flechas, hondas y piedras. Estos remeros no eran esclavos: cada uno tomaba parte y suerte en la empresa en la que estaban comprometidos; cada uno era marinero y guerrero, tan h&#225;bil con el remo o la vela como en el lance con cuchillo o los proyectiles. En efecto, se trataba de la galera Milvus, &#171;La Cometa&#187;, una de las embarcaciones exploradoras del gran pirata Esp&#225;rtakos, l&#237;der de una banda de salteadores cuyo nombre infund&#237;a terror en todas las costas de Asia Menor, desde el Helesponto hasta Tiro, en Siria.</p><p>Tres hombres estaban sentados en el camar&#237;n de la popa, desde el que ten&#237;an una amplia vista de la cubierta del barco y de las costas de Caria, que brillaban a la bruma del calor. Esperaban la llegada de alg&#250;n mercante procedente de Grecia o Italia que se dirigiera a Mileto o &#201;feso. Para pasar el rato, jugaban a los dados, pero el d&#237;a era caluroso y la partida se alargaba.</p><p>&#8212;&#161;Por Zeus! &#8212;dijo uno, llamado Mikios, bostezando&#8212;. &#161;Es mejor ser lagartos as&#225;ndose en una piedra que esperar aqu&#237; a barcos que nunca llegan! El mar est&#225; tan vac&#237;o como el tesoro de Samos.</p><p>Se refer&#237;a a una de las haza&#241;as recientes m&#225;s audaces de Esp&#225;rtakos, cuando profan&#243; un templo de Afrodita en la isla de Samos, a unos cincuenta kil&#243;metros al norte de donde estaban sentados. El hermoso edificio hab&#237;a quedado arruinado por el fuego, despu&#233;s de que los piratas hubieran pasado a cuchillo a los sacerdotes y sacerdotisas y despojado al tesoro y al templo de toda la riqueza que le hab&#237;an dado generaciones de devotos adoradores. El que hablaba hab&#237;a sugerido esta haza&#241;a a su jefe, que estaba sentado a su lado, y se enorgullec&#237;a bastante de su iniciativa.</p><p>&#8212;&#161;Por Heracles! &#8212;se mof&#243; el tercer hombre, un truculento brib&#243;n de cejas negras llamado Siros&#8212;. Hablas como si hubieras escalado los muros del Olimpo y le hubieras robado los rayos a Zeus. Hay un objetivo mayor que cualquiera para el que teng&#225;is valor, si Esp&#225;rtakos nos lo permite.</p><p>&#8212;&#191;Y cu&#225;l es? &#8212;pregunt&#243; Esp&#225;rtakos, un hombrecillo de rostro fiero con aretes de oro en las orejas, cadenas de oro al cuello y joyas relucientes en sus sucios dedos.</p><p>&#8212;El templo de &#193;rtemis en &#201;feso &#8212;respondi&#243; Siros.</p><p>&#8212;Es cierto que all&#237; hay suficiente bot&#237;n &#8212;dijo Esp&#225;rtakos&#8212;, pero la ciudad es fuerte y Arquelao, su gobernador, es un hombre duro que no se pasar&#237;a a nuestro bando si no fuera por una suma muy elevada. Y aunque accediera a llevarse a sus soldados mientras nosotros saque&#225;bamos, los efesios luchar&#237;an como fieras por su &#193;rtemis.</p><p>&#8212;No me gusta la idea &#8212;dijo Mikios&#8212;. La diosa ha sido buena conmigo. Le hice un sacrificio cuando saque&#233; Agrigento, y aquel d&#237;a me salv&#243; de la muerte y de la captura, pues los sicilianos lucharon demasiado bien.</p><p>&#8212;&#161;Bah! &#8212;replic&#243; Esp&#225;rtakos&#8212;. Estos dioses y diosas no pueden evitarlo. Hasta que a mi viejo jefe Est&#243;rax de Chipre se le ocurri&#243; saquear el templo de Apolo en Claros, porque el dios le neg&#243; el barco del rico mercader Craso en Qu&#237;os, ning&#250;n capit&#225;n del mar se hab&#237;a atrevido a pensar en poner a prueba el poder de un dios. &#191;Le ocurri&#243; alg&#250;n mal a Est&#243;rax por ello? &#191;Acaso no saque&#243; despu&#233;s el templo de Ceres en Herm&#237;one y el del dios sanador Asclepio en Epidauro? Lo que &#233;l pudo hacer, otros lo hicieron. Sannios el Negro tom&#243; muchos tesoros del templo de Poseid&#243;n en el Istmo, y, como el dios hundi&#243; dos de sus mejores galeras en T&#233;naro, saque&#243; su templo all&#237; tambi&#233;n, y en Calauria.</p><p>&#8212;Pero f&#237;jate, capit&#225;n &#8212;dijo Mikios&#8212;, creo que estas cosas no pasan desapercibidas, por mucho que los viejos dioses hayan ca&#237;do ahora en desgracia desde que el dios toro Mitra es tan adorado. &#191;Qu&#233; pas&#243; con Est&#243;rax?, preguntar&#225;s. &#191;No fue asesinado por una mano invisible mientras se deleitaba en su bodega de la monta&#241;a de Aspera, en medio de sus leales hombres? Fue una flecha del dios la que lo mat&#243;, seguro, pues todas esas muertes son obra de Apolo. Y a Sannios, &#191;qu&#233; le sucedi&#243; en Mesina? Mientras navegaba en medio de sus galeras en un mar en calma, esperando a que sus hombres sacaran a los senadores Sexto y Glabrio para pedir rescate, una gran ola lleg&#243; desde el Estrecho y aneg&#243; y ahog&#243; cinco galeras y unos cuatrocientos hombres, Sannios entre ellos.</p><p>&#8212;Eso son cuentos de viejas &#8212;respondi&#243; Esp&#225;rtakos, pero sus palabras no sonaban sinceras.</p><p>De hecho, la superstici&#243;n le conmov&#237;a tanto como a los hombres m&#225;s sabios y m&#225;s humildes en aquellos tiempos, cuando los viejos dioses mor&#237;an y otros nuevos y desconocidos ocupaban su lugar. Las mentes de los hombres a&#250;n se ve&#237;an m&#225;s afectadas por las viejas creencias que por las nuevas, y Esp&#225;rtakos no pudo reprimir la sensaci&#243;n de que pod&#237;a haber algo de verdad en las palabras de su lugarteniente Mikios.</p><p>Siros no tard&#243; en advertir la duda en la mente de su capit&#225;n, por lo que se ech&#243; a re&#237;r.</p><p>&#8212;&#161;Hemos de esperar, pues, alg&#250;n acto de venganza contra nosotros de la delicada mano de la diosa Afrodita! &#8212;dijo&#8212;. &#161;Sin duda, la pr&#243;xima doncella a la que robemos un beso nos dar&#225; una buena tunda!</p><p>Esp&#225;rtakos rio con fuerza, pero Mikios parec&#237;a abatido. &#201;l mismo hab&#237;a sugerido el saqueo del templo de Afrodita en Samos, pero hab&#237;a sido para ganarse el favor de Esp&#225;rtakos, sin pensar entonces en la posible ira y venganza de la diosa. Siros se burl&#243; de &#233;l.</p><p>&#8212;&#161;Gallina! &#8212;le dijo&#8212;. Creo que ahora te has asustado a ti mismo. En cuanto a m&#237;, no temo a ninguno de los viejos dioses mientras me proteja el joven Mitra.</p><p>Hizo en el aire el viejo signo oriental de la esv&#225;stica, para invocar la protecci&#243;n de Mitra.</p><p>En aquel momento se oy&#243; un grito d&#233;bil y entrecortado procedente del vig&#237;a de la roca m&#225;s alta de la orilla. Un r&#225;pido movimiento se extendi&#243; entre los hombres que ocupaban los bancos de la galera; se aferraron a las empu&#241;aduras de sus largos remos y miraron a sus l&#237;deres en busca de &#243;rdenes. Esp&#225;rtakos y sus lugartenientes miraron hacia la orilla y vieron a un hombre que gesticulaba hacia el mar, hacia el norte, como se&#241;alando un nav&#237;o que avanzaba.</p><p>&#8212;Salta a tierra, Mikios &#8212;dijo el capit&#225;n de la galera&#8212;, y corre hacia el norte a ver qu&#233; noticias te traes.</p><p>Mikios hizo lo que se le ordenaba, y en el transcurso de unos minutos regres&#243; para decir que hab&#237;a dos galeras mercantes cuyo rumbo mostraba que se dirig&#237;an a Mileto. Iban muy cargadas y, por lo tanto, eran una buena presa.</p><p>&#8212;Llamad a las otras galeras &#8212;dijo Esp&#225;rtakos, y pronto un toque de trompeta, claro y agudo, reson&#243; a lo largo de las rocas y calas de la isla.</p><p>Tras unas pocas &#243;rdenes, empujaron la Milvus afuera de la cala y, seguida por otras dos galeras que se hab&#237;an escondido en ensenadas vecinas, se dirig&#237;a hacia los barcos mercantes. Con sus largos remos que sub&#237;an y bajaban de forma regular, las galeras piratas parec&#237;an grandes y siniestros monstruos marinos que surcaban las brillantes olas azules. Los remos, al golpear las aguas, las agitaban hasta convertirlas en espuma; el sol brillaba y convert&#237;a las agitadas aguas en joyas que centelleaban al caer; el viento cantaba, llevando consigo el olor salado del mar. Los piratas, sin embargo, apenas ve&#237;an la belleza del mar y del cielo, del sol y del viento; como aves de rapi&#241;a, solo ten&#237;an ojos para sus v&#237;ctimas, y, empujadas por los vigorosos brazos de los bribones en las bancadas de remos, las tres galeras se acercaron r&#225;pidamente a los mercantes. Al ver las negras embarcaciones que corr&#237;an hacia ellos, los mercaderes aumentaron la velocidad, desplegaron otra vela e incitaron a sus remeros a redoblar sus esfuerzos. Pero los nav&#237;os iban demasiado cargados, y el jefe de los mercaderes, un hombre gordo y panzudo, se retorc&#237;a las manos al ver la rapidez con que los piratas acortaban el intervalo entre los barcos.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>