<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[El escriptorio de Nebrija: «Érase una vez... ¡un libro de mitos!», de Blanche Winder]]></title><description><![CDATA[Traducción de «Once Upon A Time: Children's Stories From The Classics» (¿1920?), de Blanche Winder (1866-1930).]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/s/erase-una-vez-mitos-blanche-winder</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png</url><title>El escriptorio de Nebrija: «Érase una vez... ¡un libro de mitos!», de Blanche Winder</title><link>https://escriptoriodenebrija.com/s/erase-una-vez-mitos-blanche-winder</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sat, 18 Jul 2026 12:56:24 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://escriptoriodenebrija.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Paco Álvarez]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[nebrija@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[nebrija@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[nebrija@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[nebrija@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Pigmalión, Aracne, Dafne y otros encantamientos maravillosos]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/pigmalion-aracne-dafne</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/pigmalion-aracne-dafne</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 23 Jun 2026 10:55:48 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>A estas alturas se puede comprender que los dioses inmortales fueron los m&#225;s grandes de los magos que jam&#225;s hayan existido, con sus encantamientos, entre los seres humanos que habitan el mundo. Se necesitar&#237;an docenas de libros para contar siquiera la mitad de sus haza&#241;as. Pero sin duda una de las m&#225;s maravillosas de todas fue algo que Afrodita hizo por un rey llamado Pigmali&#243;n.</p><p>A este rey no le importaban las guerras, a diferencia de otros monarcas que viv&#237;an cerca. Tampoco quer&#237;a cazar, ni celebrar banquetes, ni demostrar su fuerza en los grandes juegos en los que todos participaban. En cambio, se pasaba el tiempo esculpiendo, ya fuera en marfil o en m&#225;rmol. Dec&#237;a que nunca se casar&#237;a, pues las doncellas que esculp&#237;a con su maravilloso cincel eran m&#225;s bellas que cualquier princesa que pudiera llegar a conocer. As&#237; pues, se encerraba en su taller y trabajaba en sus creaciones en una soledad de ensue&#241;o. Pero un d&#237;a esculpi&#243; la estatua de una doncella m&#225;s hermosa que ninguna que hubiera hecho jam&#225;s ning&#250;n escultor. Ten&#237;a miembros redondeados y delicados, manos y pies menudos, y un rostro lleno de dulzura y encanto. Pigmali&#243;n la contempl&#243; durante mucho tiempo cuando la termin&#243;. Y, mientras la miraba, se enamor&#243; perdidamente de ella.</p><p>&#161;Qu&#233; desesperaci&#243;n, y aun as&#237; qu&#233; deleite, sinti&#243; el pobre rey! Estar profundamente enamorado de una estatua de marfil era una cuesti&#243;n sin esperanza; sin embargo, se sent&#237;a orgulloso de que algo tan bello fuera obra de sus propias manos. Bes&#243; sus dedos hermosos y esbeltos, sus pies inm&#243;viles e incluso su boca curvada y tranquila. Colg&#243; joyas en torno a su cuello redondeado y suaves sedas perfumadas sobre sus hombros blancos. En su cabello cincelado entrelaz&#243; coronas de flores de verdad: rosas rojas, an&#233;monas p&#250;rpuras y jazmines como peque&#241;as estrellas. Llev&#243; p&#225;jaros del bosque para que le cantaran, y le hizo una cama de oro. &#161;Qu&#233; dulce ol&#237;an las flores cuando iba a visitar a su dama de marfil al atardecer! &#161;Qu&#233; puro y bello se ve&#237;a su rostro en la penumbra! &#161;Pero qu&#233; silenciosos estaban sus p&#225;lidos labios, y qu&#233; ciegos sus ojos de p&#225;rpados marm&#243;reos!</p><p>Por fin, el pobre Pigmali&#243;n comenz&#243; a consumirse de amor por su estatua, as&#237; que se dirigi&#243; al templo donde se celebraba un gran banquete en honor de Afrodita. All&#237; se qued&#243; de pie ante un fuego que ard&#237;a desprendiendo un aroma fragante, haciendo que peque&#241;as nubes de humo rosado flotaran entre las columnas; mientras, una multitud de gente se agolpaba a su alrededor, cantando alabanzas a la diosa del amor. Y, mientras permanec&#237;a all&#237; de pie, &#233;l mismo enton&#243; una canci&#243;n especial dedicada a Afrodita.</p><p>&#8212;&#161;Dulce inmortal! &#8212;cant&#243; Pigmali&#243;n en voz muy baja&#8212;. &#161;Se&#241;ora del amor! He esculpido una estatua a partir de mis sue&#241;os. Tiene la forma de una doncella, &#161;una doncella como nunca antes se hab&#237;a visto! &#161;La he llamado Galatea! La amo como nunca amar&#233; a ninguna mortal. &#161;Dulc&#237;sima se&#241;ora de los inmortales, da vida a mi amada!</p><p>Cuando Pigmali&#243;n termin&#243; de cantar, se encontr&#243; con una maravillosa visi&#243;n. La peque&#241;a hoguera ante la que se encontraba, que hab&#237;a ardido con aroma durante toda su canci&#243;n, de repente lanz&#243; una esbelta llamarada alta y clara: &#161;una, dos, tres veces! El coraz&#243;n de Pigmali&#243;n dio un vuelco ante aquella llama. Estaba convencido de que se trataba de la respuesta de Afrodita.</p><p>Casi corri&#243; a casa, embargado por la emoci&#243;n, y se apresur&#243; hacia su taller a toda velocidad. Al abrir la puerta, mir&#243; con ansias la estatua de su bella doncella, que permanec&#237;a all&#237; en su mansa quietud, con las flores reposando sobre su cabeza y las largas y lujosas t&#250;nicas brillando alrededor de su serena figura. De repente, un ligero temblor la recorri&#243;, las flores se agitaron como si una brisa las sacudiera, y los dobladillos de seda se agitaron alrededor de sus pies. Entonces sus p&#225;rpados temblaron, movi&#243; la cabeza y sus dedos se desentrelazaron, como si fuera una ni&#241;a que despertara del sue&#241;o. La vida cobr&#243; vida en su hermoso rostro... y con la vida lleg&#243; el amor inmediato. Antes de que Pigmali&#243;n pudiera hablar o moverse, vio a su Galatea bajar, lenta y ensue&#241;adamente, de su pedestal, y acercarse a &#233;l con las manos extendidas.</p><p>Con un grito de alegr&#237;a, el rey atrajo a la doncella hacia s&#237; y, al besar sus labios, los sinti&#243; suaves y c&#225;lidos. Afrodita le hab&#237;a concedido su deseo y hab&#237;a dado vida a la estatua. As&#237; pues, Pigmali&#243;n se cas&#243; con su encantadora dama de marfil y la convirti&#243; en su reina, y vivieron durante muchos a&#241;os, dos de las personas m&#225;s felices que jam&#225;s hayan llevado corona.</p><p>Pero, si Afrodita convirti&#243; una estatua en una doncella, &#161;Atenea convirti&#243; una vez a una doncella no en una estatua, sino en una ara&#241;a!</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/pigmalion-aracne-dafne">
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Belerofonte y Faetón: héroes del cielo]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/belerofonte-faeton-heroes-cielo</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/belerofonte-faeton-heroes-cielo</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Mon, 22 Jun 2026 15:26:57 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Una noche oscura, un pr&#237;ncipe joven y apuesto, pero muy agotado y abatido, dorm&#237;a profundamente junto a una fuente en un bosque. Los &#225;rboles se mec&#237;an suavemente sobre &#233;l, las estrellas brillaban como joyas lejanas, y el sonido del agua se mezclaba con el sutil susurro de la brisa. Pero el pr&#237;ncipe, que se llamaba Belerofonte, se mov&#237;a inquieto en sue&#241;os. No so&#241;aba con los aromas y el roc&#237;o de los bosques, sino con un horrible monstruo que el rey del pa&#237;s le hab&#237;a ordenado matar, una bestia a&#250;n peor que el Minotauro, pues ten&#237;a cabeza de le&#243;n, cuerpo de cabra y cola de drag&#243;n y escup&#237;a fuego cada vez que abr&#237;a su enorme boca.</p><p>El pobre Belerofonte no hab&#237;a hecho nada para merecer tal tarea, pero le ca&#237;a mal a la hija del rey, que era la reina de otro pa&#237;s, y hab&#237;a tramado un complot para deshacerse de &#233;l. Como resultado, se le hab&#237;a ordenado que fuera a matar al monstruo, al que todo el mundo en el pa&#237;s tem&#237;a con terror.</p><p>No cre&#237;a poder lograrlo, pero era valiente y se hab&#237;a decidido a intentarlo. Mientras pensaba en la mejor manera de empezar, se sent&#243; junto a la fuente y se qued&#243; dormido. Entonces, sobre su cabeza, apareci&#243; el destello de unas alas entre las estrellas: unas alas que se extend&#237;an mucho m&#225;s que las de un &#225;guila y que brillaban, plateadas y hermosas, bajo la luna creciente. Las alas no pertenec&#237;an a un gran p&#225;jaro, &#161;sino a un caballo blanco! Esta hermosa criatura volaba dando vueltas y m&#225;s vueltas, ora sobrevolando en c&#237;rculos muy por encima de la cabeza del pr&#237;ncipe dormido, ora suspendida en el aire como un halc&#243;n enorme y resplandeciente. Nunca se hab&#237;a visto en ninguna monta&#241;a un espect&#225;culo semejante al de este corcel alado y maravilloso entre el bosque en penumbra y el cielo nocturno de color azul p&#250;rpura salpicado de plata. Era Pegaso, el caballo m&#225;gico de los mismos inmortales.</p><p>En ese momento se pos&#243;, con cascos silenciosos, sobre la roca cubierta de musgo y camin&#243; con ligereza entre las violetas y el tomillo, con sus grandes alas plegadas. Justo cuando se dirig&#237;a hacia la fuente, tan noble, tan elegante, tan sereno en su fuerza natural, el sue&#241;o del pr&#237;ncipe cambi&#243;. En lugar del monstruo que hab&#237;a estado perturbando su sue&#241;o, crey&#243; ver a una de las damas inmortales de pie a su lado, nada menos que la propia Atenea, con sus amables ojos azules y su sonrisa alentadora. En la mano sosten&#237;a una brida dorada y se agach&#243; para depositarla junto a &#233;l sobre la hierba. Luego, haci&#233;ndole un gesto con la mano, se alej&#243; volando, y &#233;l se despert&#243;.</p><p>&#161;Pero no pod&#237;a haber sido solo un sue&#241;o! Porque all&#237;, a su lado, yac&#237;a la brida dorada; y, atravesando el bosque iluminado por las estrellas, &#161;llegaba el hermoso caballo de alas plateadas!</p><p>Entonces Belerofonte supo por qu&#233; Atenea le hab&#237;a dado la brida dorada. Muchas veces antes hab&#237;a intentado atrapar a Pegaso, pero siempre hab&#237;a fracasado. Ahora, sonriendo para sus adentros, observ&#243; c&#243;mo la criatura, con el aliento entrecortado, se dirig&#237;a hacia la fuente, inclinaba su hermosa cabeza y beb&#237;a. Mientras beb&#237;a, el pr&#237;ncipe se acerc&#243; en silencio, con la brida en la mano. Entonces, de un salto, se subi&#243; al lomo del caballo y le desliz&#243; el freno dorado en la boca abierta. En un instante, Pegaso sinti&#243; el tacto del instrumento y se dio cuenta de que la brida de los inmortales descansaba sobre su cuello. Nunca hab&#237;a intentado sacudirse ni resistirse a aquellas riendas, e inmediatamente despleg&#243; sus alas plateadas, se elev&#243; del suelo y, llevando a Belerofonte a sus espaldas, se alej&#243; flotando con &#233;l, arriba, arriba, arriba, hacia las estrellas.</p><p>&#161;Qu&#233; triunfo para Belerofonte! Qu&#233; maravilloso era cabalgar por el aire, con la brisa de las grandes y amplias alas acarici&#225;ndole el rostro. Pas&#243; las riendas doradas entre sus dedos, y Pegaso resopl&#243; suavemente, arqueando su reluciente cuello mientras volaba. Entonces, con manos delicadas, el pr&#237;ncipe gir&#243; la cabeza del caballo hacia el oscuro valle donde, entre matorrales enmara&#241;ados, el monstruo acechaba a los hombres y mujeres indefensos que constitu&#237;an su presa. El caballo de alas plateadas se lanz&#243; en picado en respuesta a la mano y las espuelas de Belerofonte. Con un rugido de rabia y una mirada roja como el fuego, la gran bestia salt&#243; de la espesura e intent&#243; arrancar al pr&#237;ncipe de su corcel m&#225;gico. Pero Pegaso se elev&#243; de nuevo, y Belerofonte coloc&#243; una flecha en el arco que llevaba colgado al hombro. Con punter&#237;a certera, dispar&#243; la flecha contra la peluda piel de la criatura; luego otra, y otra, y otra m&#225;s, mientras el monstruo bramaba y saltaba in&#250;tilmente en el aire, azotando el suelo con la cola. La lucha hab&#237;a terminado por fin, y la bestia se desplom&#243; y muri&#243;.</p><p>Cuando exhal&#243; su &#250;ltimo aliento abrasador y qued&#243; all&#237; inm&#243;vil, con nada m&#225;s que humo saliendo de sus fauces, Belerofonte guio suavemente a Pegaso hasta el suelo, salt&#243; de la grupa del caballo y le cort&#243; la cola y la cabeza a la horrible criatura. Entonces, el caballo de los inmortales lo llev&#243; de vuelta al palacio del rey, donde entreg&#243; al monarca la cola del drag&#243;n y su cabeza de le&#243;n como prueba de su victoria.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/belerofonte-faeton-heroes-cielo">
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El retorno de Odiseo: ¿quién puede tensar este arco?]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/retorno-odiseo-tensar-arco</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/retorno-odiseo-tensar-arco</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 19 Jun 2026 14:49:25 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Una vez m&#225;s, Odiseo y sus hombres se encontraron navegando por alta mar, donde los alciones se llamaban unos a otros a trav&#233;s de las olas solitarias. Al poco rato, divisaron en el horizonte una nueva tierra, envuelta en una suave bruma plateada; y, por el repentino silencio que se apoder&#243; del oc&#233;ano y por un d&#233;bil y dulce eco de m&#250;sica lejana, Odiseo supo que su nave se acercaba a las islas encantadas de las sirenas.</p><p>Este era uno de los peligros de los que Circe le hab&#237;a indicado c&#243;mo escapar. As&#237; pues, mientras la tripulaci&#243;n tomaba los remos para impulsar la nave por las aguas tranquilas, el rey se sent&#243; en la proa, ocupado en hacer peque&#241;as bolas de cera blanda. Al cabo de un rato, se levant&#243; de su asiento y se acerc&#243; a los marineros; y, uno por uno, les tap&#243; los o&#237;dos con las bolas de cera, tras haberles explicado primero qu&#233; deb&#237;an hacer cuando ya no pudieran o&#237;r sus instrucciones. Obedeciendo sus &#243;rdenes, los marineros &#8212;que, por supuesto, no pod&#237;an o&#237;r por las bolas de cera en los o&#237;dos&#8212; tomaron respetuosamente a su rey por los hombros y lo ataron, tan fuerte como pudieron, al m&#225;stil de la nave. Luego volvieron a levantar los remos y, una vez m&#225;s, remaron con firmeza en direcci&#243;n a las islas de las sirenas. La cera de sus o&#237;dos les imped&#237;a o&#237;r absolutamente nada, y a trav&#233;s de la bruma plateada no se ve&#237;a nada salvo alg&#250;n que otro destello de costas blancas y colinas verdes.</p><p>Pero Odiseo, atado al m&#225;stil, oy&#243; c&#243;mo una melod&#237;a dulce y escalofriante le recorr&#237;a el cuerpo desde las aguas; entonces, de pronto, un coro de voces m&#225;gicas reson&#243; desde la tierra medio oculta. &#161;Nunca hab&#237;a o&#237;do el rey nada tan exquisito como aquel canto m&#225;gico! Parec&#237;a estar en todas partes a la vez: en el cielo, alrededor del m&#225;stil y en las profundidades del mar, entre los corales y las perlas. Las voces de esas ninfas invisibles le invitaban a desembarcar en las costas m&#225;s all&#225; de la niebla, pues all&#237; encontrar&#237;a todo lo que su coraz&#243;n deseaba. Incapaz de contenerse, Odiseo forceje&#243; y luch&#243; por liberarse, con el fin de poder dirigir su barco directamente hacia la bah&#237;a de las sirenas. Pero sus hombres, que hab&#237;an sido advertidos de lo que les esperaba, obedecieron las &#243;rdenes que &#233;l les hab&#237;a dado antes de taparse los o&#237;dos con cera. Reclinados sobre los remos, remaron con todas sus fuerzas hasta que cesaron los forcejeos de su rey, que se desplom&#243; exhausto sobre la cubierta. Entonces se sacaron la cera de los o&#237;dos y desataron a Odiseo, pues las peligrosas islas hab&#237;an quedado muy atr&#225;s, fuera del alcance del o&#237;do, y el &#250;ltimo eco de los cantos de las sirenas se hab&#237;a desvanecido.</p><p>Pero tan pronto como hubieron pasado a salvo las islas de las sirenas, para su horror vieron c&#243;mo seis espantosas cabezas se alzaban de repente, como seis serpientes, de entre las olas, y oyeron a Escila chasquear sus terribles fauces. Esta vez su velocidad fue en vano, pues Escila atrap&#243; a un marinero en cada una de sus enormes bocas y los devor&#243; con el mismo apetito feroz con el que el c&#237;clope se hab&#237;a comido a sus compa&#241;eros. Odiseo, p&#225;lido de horror, ni siquiera tuvo tiempo de detenerse a llorar su p&#233;rdida: se vio obligado a hacer avanzar su barco lo m&#225;s r&#225;pido posible para poder sortear los mort&#237;feros remolinos de Caribdis. R&#225;pida como una golondrina, la nave volaba sobre el agua y, para gran alivio de todos a bordo, pronto dej&#243; muy atr&#225;s los profundos gru&#241;idos de Escila y las aguas burbujeantes de su temible compa&#241;era.</p><p>Respirando con m&#225;s tranquilidad, la tripulaci&#243;n sigui&#243; conduciendo la embarcaci&#243;n; y, al poco rato, oyeron el suave balido de los reba&#241;os en el tranquilo aire del atardecer. Al mirar con entusiasmo hacia delante, vieron el cielo resplandeciente con las radiantes monta&#241;as que se alzaban en el oeste. All&#237;, a muy poca distancia, se extend&#237;an las hermosas y deslumbrantes islas del sol. Las ovejas y vacas de Apolo pastaban en prados brillantes como esmeraldas, y la luz del atardecer se reflejaba en sus vellones plateados y sus pieles doradas. Los marineros, rebosantes de alegr&#237;a, saltaron a tierra; y, a pesar de las serias advertencias de Odiseo, capturaron y mataron a algunas de estas reses sagradas que pertenec&#237;an al resplandeciente inmortal que conduc&#237;a diariamente al sol en su carro dorado a trav&#233;s del cielo.</p><p>Apolo, de camino a casa, mir&#243; hacia las hermosas islas y vio lo que hab&#237;an hecho. &#161;Esto era incluso peor que lo de Hermes! Lleno de ira, se apresur&#243; a los pies del trono de Zeus y exigi&#243; venganza inmediata. Para entonces, la tripulaci&#243;n ya hab&#237;a regresado al barco, as&#237; que el rey del Olimpo envi&#243; una gran tormenta negra justo sobre la embarcaci&#243;n, que fue sacudida aqu&#237; y all&#225; por azulados rayos, y gir&#243; y gir&#243; como una hoja de oto&#241;o. Uno a uno, los marineros fueron arrastrados al mar embravecido, hasta que, al fin, el pobre Odiseo, azotado por la tormenta, qued&#243; como &#250;nico hombre a bordo.</p><p>La tempestad empuj&#243; la nave &#8212;que ya no era m&#225;s que una tabla&#8212; hacia dentro y hacia fuera del remolino de Caribdis, y una vez m&#225;s pas&#243; junto a las terribles cabezas de Escila, quien, por suerte, no la divis&#243;. Entonces se apacigu&#243; la ira de Zeus. Decidi&#243; salvar a Odiseo porque &#233;l no hab&#237;a comido nada de los hermosos reba&#241;os de Apolo; y as&#237;, el rey inmortal del Olimpo, retirando su tormenta, permiti&#243; que el rey mortal de &#205;taca fuera llevado a la deriva en los restos del naufragio por mares tranquilos y azules bajo cielos tranquilos y azules hasta que lleg&#243; al refugio de la cueva de Calipso.</p><p>All&#237;, como ya hemos contado, cay&#243; bajo el hechizo de la ninfa marina, aunque por las noches ten&#237;a sue&#241;os inquietantes sobre su dulce esposa, su apuesto hijo y las majestuosas torres de su palacio. Pero nadie sabr&#237;a decir cu&#225;nto tiempo habr&#237;a permanecido Odiseo con Calipso, ni si Tel&#233;maco habr&#237;a logrado alguna vez encontrar su cueva y rescatar a su padre, si el propio Zeus no hubiera escuchado las s&#250;plicas de Atenea y ordenado a Hermes que fuera a decirle a Calipso que deb&#237;a liberar a Odiseo.</p><p>Sobre las olas, como una gaviota, vol&#243; el mensajero divino, y Calipso le agasaj&#243; como a un rey, con vino, pasteles y carnes, a la verde sombra de su parra; pero se entristeci&#243; mucho al o&#237;r las &#243;rdenes de Zeus. Sin embargo, no se atrevi&#243; a desobedecer, as&#237; que acudi&#243; a Odiseo y, entreg&#225;ndole un hacha, le mostr&#243; el camino hacia un gran pinar donde podr&#237;a talar madera suficiente para construir una balsa, pues su barco se hab&#237;a hecho pedazos nada m&#225;s abandonarlo. Mientras Odiseo talaba los grandes pinos, Calipso le teji&#243; una vela. Entonces se despidi&#243; de &#233;l con l&#225;grimas en los ojos y lo vio marcharse en su balsa. Y, en el momento en que le perdi&#243; de vista, el &#250;ltimo vestigio del hechizo bajo el que estaba sometido se desvaneci&#243;, de modo que nunca volvi&#243; a pensar en la m&#225;gica morada de Calipso, sino que solo anhelaba regresar, tan pronto como pudiera, a su hogar en &#205;taca.</p><p>Sin embargo, tan pronto como Odiseo perdi&#243; de vista la tierra firme, Poseid&#243;n, asom&#225;ndose desde sus cuevas, divis&#243; la balsa. El rey del mar emergi&#243; de las aguas en su reluciente carro, con sus caballos verdes agitando sus crines blancas. &#161;Qu&#233; enfadado se puso al ver que la balsa transportaba a su viejo enemigo Odiseo! Sin dudarlo un instante, desat&#243; una gran tormenta de viento y olas; y, en medio de la tempestad, la balsa naufrag&#243;, y esta vez Odiseo tuvo que nadar para salvar su vida hasta la orilla m&#225;s cercana.</p><p>Agotado y hambriento, logr&#243; llegar a tierra y, avanzando a trompicones por la playa con los pies descalzos y cansados, busc&#243; refugio en el bosque. All&#237; se dej&#243; caer sobre un lecho de hojas mullidas y durmi&#243; profundamente durante mucho tiempo. Por fin, lo despertaron unos sonidos de lo m&#225;s encantadores: las voces, los gritos y las risas de unas muchachas que parec&#237;an estar jugando a la pelota.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Circe, la hermosa hechicera, y los cerdos]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/circe-hermosa-hechicera-cerdos</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/circe-hermosa-hechicera-cerdos</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Wed, 17 Jun 2026 15:15:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Despu&#233;s de que Odiseo escapara de la cueva del terrible c&#237;clope, &#233;l y sus compa&#241;eros continuaron navegando con la esperanza aunque sin la seguridad de ir rumbo a Grecia. Pero Poseid&#243;n estaba muy enfadado, pues el c&#237;clope al que &#171;Nadie&#187; hab&#237;a cegado era hijo del rey del mar. Odiseo, sabiendo que Poseid&#243;n har&#237;a todo lo posible por desencadenar tormentas contra su barco, se dirigi&#243; a la isla de Eolo, el rey de los vientos, que viv&#237;a en un magn&#237;fico palacio de bronce en lo alto de los acantilados. Eolo qued&#243; tan encantado con las historias sobre la valent&#237;a de Odiseo que prometi&#243; ayudarle; y, para que ninguna otra tempestad le perturbara, le entreg&#243; todos los vientos fuertes y furiosos encerrados en una gran bolsa de cuero. Solo qued&#243; un viento fuera: se trataba del c&#233;firo, la suave brisa del oeste, que en otro tiempo hab&#237;a sido tan bondadoso con Psique y que siempre estaba dispuesto a mostrarse amable y generoso con los hombres.</p><p>El c&#233;firo hinch&#243; las velas de la nave del rey; y, entre cantos y risas, los griegos perdidos navegaron sobre las tranquilas y azules aguas. Entonces, una noche, divisaron su acogedor faro y, al amanecer, reconocieron las monta&#241;as de su patria, que a&#241;oraban desde hac&#237;a tanto tiempo. &#161;Qu&#233; alegr&#237;a sintieron! Odiseo, por primera vez en diez d&#237;as, dej&#243; el tim&#243;n y se puso a dormir un rato. Pero, mientras dorm&#237;a, sus compa&#241;eros cometieron un acto atroz y traicionero.</p><p>No sab&#237;an qu&#233; era lo que el rey guardaba con tanto cuidado en la bolsa de cuero, pero pensaron que deb&#237;a de ser una gran cantidad de oro y joyas. Deseosos de robar parte de aquel tesoro, fueron de puntillas hasta el camarote donde estaba la bolsa colgada de la pared y desataron el cord&#243;n de plata que la sujetaba. &#161;He aqu&#237; que, con un chillido y un rugido, se precipitaron todos los feroces y fuertes vientos al un&#237;sono!</p><p>La nave daba vueltas y vueltas. Entonces, como todos los vientos quer&#237;an volver a casa, partieron hacia el palacio de bronce de Eolo tan r&#225;pido como pudieron, llev&#225;ndose consigo la nave. Eolo se enfad&#243; tanto que no quiso hacer nada m&#225;s por Odiseo y se neg&#243; rotundamente a volver a encerrar los vientos en el saco. Aunque Odiseo le suplic&#243; que reconsiderara su decisi&#243;n, los vientos empujaron el barco lejos de la costa hasta una isla donde viv&#237;a un gigante a&#250;n m&#225;s feroz y hambriento que los c&#237;clopes. Despu&#233;s de que el gigante se hubiera comido a algunos de ellos, el resto de la tripulaci&#243;n se puso a remar y logr&#243; llevar la nave hasta otra isla, donde al atardecer echaron el ancla en una bah&#237;a solitaria y, completamente agotados, durmieron profundamente hasta el amanecer.</p><p>Al amanecer, los marineros descubrieron que la tierra estaba cubierta de matorrales y era tan desolada como las aguas de la bah&#237;a; pero, a lo lejos, divisaron una peque&#241;a columna de humo que se elevaba en medio de un bosque. As&#237; pues, Odiseo dividi&#243; a sus hombres en dos grupos. &#201;l mismo tom&#243; el mando de uno de ellos y nombr&#243; capit&#225;n del otro a Eur&#237;loco, el m&#225;s valiente de su tripulaci&#243;n. A continuaci&#243;n, echaron a suertes qui&#233;nes ir&#237;an a ver de d&#243;nde proced&#237;a el humo y qui&#233;nes se quedar&#237;an a cuidar del barco, y la expedici&#243;n recay&#243; en Eur&#237;loco y su grupo.</p><p>Partieron, pues, a trav&#233;s del bosque, y al poco rato vislumbraron un l&#250;gubre palacio de piedra entre los claros. Desde el patio de este castillo, los animales salvajes se asomaban con curiosidad al o&#237;r los pasos. Entonces, en lugar de abalanzarse para devorar a los forasteros, estas criaturas de la monta&#241;a &#8212;osos, lobos y leones&#8212; se acercaron con una extra&#241;a y apacible timidez, moviendo la cola y lamiendo las manos de sus visitantes. Muy sorprendidos, Eur&#237;loco y sus compa&#241;eros siguieron caminando, pero al poco rato se detuvieron para escuchar. Y es que, desde el interior del l&#250;gubre palacio, oyeron a alguien cantar a&#250;n m&#225;s dulcemente que las sirenas.</p><p>Aquella voz gloriosa se elevaba hasta el tejado y se extend&#237;a por el patio. Al asomarse por la puerta, los hombres vieron a una hermosa doncella de cabello dorado y manos blancas ocupada tejiendo un tapiz en un telar. Levant&#243; la vista de su trabajo y dej&#243; de cantar al ver los rostros asombrados que se asomaban por la entrada. Entonces, poni&#233;ndose en pie, fue a su encuentro con una sonrisa encantadora y los invit&#243; a pasar.</p><p>Uno tras otro, los tripulantes entraron t&#237;midamente, excepto Eur&#237;loco. &#201;l desconfiaba de aquel ser tan bello y se escondi&#243; fuera, en el patio, a la espera de ver qu&#233; suced&#237;a. La hechicera, cuyo nombre era Circe, parec&#237;a estar completamente sola en el palacio. Ella misma acompa&#241;&#243; a sus visitantes hasta los elegantes asientos, repletos de mullidos cojines, que se encontraban dispuestos por todo el sal&#243;n; y, con sus propias manos, les sirvi&#243; un fest&#237;n a base de exquisito pan blanco, vino de color rub&#237;, cremosa leche y dorada miel. Los hombres estaban muy hambrientos y sedientos, y todos comieron y bebieron con gusto; pero, a medida que pasaba el tiempo, comenzaron, uno tras otro, a dar cabezadas de sue&#241;o. No era de extra&#241;ar, pues Circe hab&#237;a mezclado en el vino y la leche hierbas m&#225;gicas cuyo secreto solo ella conoc&#237;a. En cuanto sus invitados se quedaron medio dormidos, sac&#243; su varita de hechicera y la agit&#243; una y otra vez alrededor de sus cabezas tambaleantes.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Odiseo, el rey perdido, y el gigante de un solo ojo]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/odiseo-rey-perdido-ciclope-polifemo</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/odiseo-rey-perdido-ciclope-polifemo</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 16 Jun 2026 14:47:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>&#191;Y qu&#233; hab&#237;a estado haciendo Odiseo durante todos esos largos a&#241;os, antes de caer bajo el hechizo de Calipso en su cueva cubierta de enredaderas?</p><p>Pues bien, en primer lugar, estuvo a punto de caer presa de la magia de los comedores de loto. Eran el pueblo m&#225;s perezoso del mundo entero, y viv&#237;an en una isla donde crec&#237;an por todas partes &#225;rboles de loto, que daban frutos de una belleza deslumbrante y un sabor delicioso. Pero quien probaba las manzanas de loto ya no quer&#237;a hacer otra cosa que sentarse a la sombra de los &#225;rboles y comer aquel fruto encantado para siempre. Por suerte para Odiseo, cuando &#233;l y su tripulaci&#243;n desembarcaron en la isla, &#233;l no prob&#243; el fruto; pero tres de sus hombres comieron de las ramas cargadas y, al tumbarse inmediatamente a descansar sobre la hierba florida, dijeron que no ten&#237;an intenci&#243;n de volver a casa con sus esposas y familias. As&#237; pues, Odiseo y los dem&#225;s marineros los llevaron de vuelta al barco a la fuerza, y luego zarparon tan r&#225;pido como pudieron antes de que ning&#250;n otro miembro de la tripulaci&#243;n pudiera probar el fruto que, aunque era tan delicioso, volv&#237;a a la gente perezosa e in&#250;til para el resto de sus vidas.</p><p>El siguiente lugar donde atrac&#243; la nave del rey fue el pa&#237;s de los c&#237;clopes, unos gigantes de aspecto espantoso que solo ten&#237;an un ojo cada uno, justo en medio de la frente. Eran grandes pastores a su manera y viv&#237;an de la leche de vastos reba&#241;os de cabras y ovejas. Odiseo y sus compa&#241;eros desembarcaron en la playa, treparon sigilosamente por la colina entre los matorrales de laurel y pronto se encontraron ante la entrada de una enorme cueva, rodeada por un muro de m&#225;rmol y oculta del mundo por bosques de pinos y robles.</p><p>Con valent&#237;a entraron en aquella l&#250;gubre caverna y, al mirar a su alrededor, vieron que estaba llena de estantes cargados de grandes quesos redondos, y que muchas ovejas y corderos se api&#241;aban en los recovecos profundos y tranquilos del fondo. Mientras los marineros contemplaban con inter&#233;s todas estas cosas, oyeron pasos fuertes en el exterior, y entr&#243; el c&#237;clope m&#225;s grande del pa&#237;s, un gigante enorme con un solo ojo vigilante, que llevaba una carga de pinos a la espalda con la misma facilidad con la que se lleva un fardo de le&#241;a. Delante de &#233;l corr&#237;an reba&#241;os de ovejas y cabras; y, cuando todos estuvieron dentro, el gigante hizo rodar una enorme roca ante la boca de la cueva y los encerr&#243; a todos.</p><p>Ante esto, Odiseo y sus hombres se asustaron tanto que se apresuraron en silencio hacia los rincones m&#225;s rec&#243;nditos de la caverna y se pegaron a las paredes h&#250;medas como si fueran murci&#233;lagos. Pero el gigante &#8212;tras sacar un par de quesos y unos cuencos tan grandes como barriles de cerveza, llenos de leche, que pensaba tomarse para cenar&#8212; encendi&#243; un fuego en medio de la cueva; y, cuando el resplandor rojo ilumin&#243; los rincones m&#225;s rec&#243;nditos, divis&#243; a sus inesperados y aterrorizados visitantes.</p><p>Con un espantoso rugido de rabia, los mir&#243; con su enorme ojo y les exigi&#243; saber qu&#233; hac&#237;an en su caverna secreta. Odiseo, temblando de miedo, hizo todo lo posible por responder con valent&#237;a, explic&#225;ndole al gigante que &#233;l y sus hombres eran viajeros perdidos que intentaban encontrar el camino de vuelta a Grecia. El c&#237;clope escuch&#243; con aire hosco; luego, con otro rugido, extendi&#243; la mano, agarr&#243; a un par de los pobres marineros y, sin dudarlo, &#161;se los comi&#243;! Una vez hecho esto, se tumb&#243; tranquilamente frente al fuego y se qued&#243; dormido.</p><p>Odiseo recuper&#243; el valor ante aquella terrible visi&#243;n, pues la ira le devolvi&#243; la fuerza y la valent&#237;a. Desenvain&#243; su espada para matar al gigante que roncaba; pero luego se detuvo y lo pens&#243; mejor. Nadie, salvo el c&#237;clope, era lo suficientemente fuerte como para apartar la roca que bloqueaba la entrada de la cueva. Si lo mataban, el rey y sus seguidores quedar&#237;an encerrados y morir&#237;an de hambre. As&#237; pues, Odiseo regres&#243; junto a sus asustados compa&#241;eros; y todos permanecieron tumbados, acurrucados y api&#241;ados, lo m&#225;s lejos posible del gigante dormido, hasta la ma&#241;ana siguiente.</p><p>Al amanecer, aquel horrible c&#237;clope, sin decir una palabra ni tan siquiera soltar uno de sus espantosos rugidos, se comi&#243; tranquilamente a otros dos marineros para desayunar. Luego, satisfecho y silbando, apart&#243; la ingente roca de la entrada y sac&#243; a sus reba&#241;os al aire fresco de la ma&#241;ana. Sigui&#233;ndolos con sus grandes zancadas, volvi&#243; a cerrar la cueva; y Odiseo oy&#243; su enorme voz resonando fuera como un trueno que retumbaba y rug&#237;a entre las colinas boscosas.</p><p>As&#237; pues, all&#237; estaba el rey encerrado con lo que quedaba de su desdichada tripulaci&#243;n en la cueva de aquel espantoso monstruo. Pero Odiseo era uno de los hombres m&#225;s astutos del mundo. &#191;Acaso no le hab&#237;a protegido siempre Atenea y le hab&#237;a ense&#241;ado sabidur&#237;a? Reflexion&#243; durante un rato; luego observ&#243; detenidamente la maza del gigante, que en realidad era un gran &#225;rbol, tan alto y fuerte como el m&#225;stil de un barco. Cort&#243; la copa de aquel &#225;rbol e hizo que sus marineros le dieran forma y lo afilaran hasta convertirlo en una enorme lanza de madera. A continuaci&#243;n, endurecieron la punta en el fuego y escondieron el arma que tan astutamente hab&#237;an fabricado. Despu&#233;s, todos se sentaron muy lejos de la entrada a esperar el atardecer y el regreso del gigante.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Penélope, la reina sabia, y el sabio anciano del mar]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/penelope-telemaco-anciano</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/penelope-telemaco-anciano</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Thu, 11 Jun 2026 15:28:25 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Durante muchos a&#241;os, como ya sabemos, Odiseo luch&#243; junto a los dem&#225;s reyes y capitanes frente a las murallas de Troya. Pero, cuando la ciudad cay&#243; y los ej&#233;rcitos vencedores partieron en sus naves hacia sus tierras, todos quedaron dispersos y divididos por las disputas entre ellos, pero tambi&#233;n por violentas tormentas en el mar. Algunos de los reyes, tras un tiempo, llegaron sanos y salvos a sus hogares; pero la dulce Pen&#233;lope, esposa de Odiseo, esper&#243; largo tiempo el regreso de su marido.</p><p>Hizo todo lo posible por gobernar el reino en su nombre y criar a su hijo peque&#241;o, Tel&#233;maco, tal y como a Odiseo le hubiera gustado, pero le result&#243; una tarea muy dif&#237;cil. Los nobles del pa&#237;s comenzaron a hacer lo que les daba la gana y trataban el palacio de Odiseo como si fuera suyo. No solo eso, sino que, uno tras otro, se acercaban a Pen&#233;lope y, aseverando que el rey hab&#237;a muerto, le hac&#237;an propuestas de matrimonio. Casi todas las ma&#241;anas, alguno de ellos iba a buscar a la reina y, con aires y modales bastante rid&#237;culos, &#161;le propon&#237;a matrimonio! Pen&#233;lope comenz&#243; rechaz&#225;ndolos a todos indignada, pero sus rechazos no surtieron efecto: segu&#237;an proponi&#233;ndosele con la misma regularidad que antes.</p><p>Al fin, desesperada, reuni&#243; a esos pretendientes insensatos e hizo un trato con ellos. Les dijo que estaba trabajando en un hermoso tapiz, que pidi&#243; a sus doncellas que mostraran. Los nobles contemplaron con gran inter&#233;s aquella delicada pieza en la que se tej&#237;an bellas im&#225;genes con hilos escarlatas, p&#250;rpuras y dorados; y todos la admiraron. Entonces Pen&#233;lope dijo que tardar&#237;a alg&#250;n tiempo en terminarla, ya que era muy elaborada, pero que sus pretendientes podr&#237;an observarla mientras trabajaba en ella y, cuando estuviera completa, elegir&#237;a a uno de ellos.</p><p>Con esto, los pretendientes tuvieron que conformarse; y d&#237;a tras d&#237;a observaban a la reina entretejer hilos relucientes en su rueca dorada y convertirlos en im&#225;genes con una lanzadera de marfil en un telar de plata. Como eran hombres, sab&#237;an muy poco de tapices; pero incluso a ellos el avance del trabajo les parec&#237;a incre&#237;blemente lento, y, tras tres largos a&#241;os de espera, una joven criada se acerc&#243; a ellos y les revel&#243; el secreto.</p><p>La reina &#8212;les dijo&#8212; trabajaba sin duda muy duro en el tapiz todo el d&#237;a, y los nobles pod&#237;an ver por s&#237; mismos lo laboriosa que era. Pero, tan pronto como llegaba la noche y se retiraba a su hermosa alcoba, encend&#237;a su l&#225;mpara y, sentada junto a ella, deshac&#237;a cada pedazo del tejido que hab&#237;a hecho durante el d&#237;a. Esto era lo que hab&#237;a estado haciendo durante los tres a&#241;os; y los pretendientes, si no hubieran sido tan tontos y engre&#237;dos, lo habr&#237;an descubierto por s&#237; mismos.</p><p>Los nobles, como era de esperar, estaban furiosos; y lo que los enfureci&#243; a&#250;n m&#225;s fue que el joven Tel&#233;maco, a quien hab&#237;an considerado poco m&#225;s que un ni&#241;o, de repente se mostrara como un hombre. Un d&#237;a tom&#243; el cetro de Odiseo en la mano, se visti&#243; con las vestiduras regias de su padre y se sent&#243; en el trono. Adem&#225;s, le dijo a su madre Pen&#233;lope que no tuviera m&#225;s miedo: &#233;l, su hijo, no solo la proteger&#237;a, sino que &#233;l mismo ir&#237;a en busca del desaparecido Odiseo.</p><p>Nadie entend&#237;a muy bien ese repentino valor y esa majestuosidad del joven pr&#237;ncipe. Lo cierto era que la propia Atenea se le hab&#237;a aparecido, al principio disfrazada de anciano, pero m&#225;s tarde mostr&#225;ndose como la hermosa dama inmortal que era, con su reluciente armadura, sus brillantes alas y su resplandeciente lanza; y le hab&#237;a prometido no solo protegerlo a &#233;l y a su madre, sino estar siempre a su lado, de una forma u otra, si &#233;l part&#237;a en busca del rey perdido y lo llevaba de vuelta a casa.</p><p>As&#237; pues, Tel&#233;maco orden&#243; que le prepararan un barco, y lo tripul&#243; con los marineros m&#225;s valientes de &#205;taca. A continuaci&#243;n, parti&#243; para visitar uno tras otro a todos los reyes que, seg&#250;n sab&#237;a, hab&#237;an estado con su padre en Troya y hab&#237;an logrado regresar a casa. En la corte del rey de Esparta, donde la reina Helena viv&#237;a de nuevo a salvo, m&#225;s hermosa que nunca, le dieron las noticias que deseaba. Fue una historia extra&#241;a la que le cont&#243; el rey de Esparta:</p><p>&#8212;Fue cerca de la costa de un pa&#237;s muy c&#225;lido y arenoso donde tuve noticias por &#250;ltima vez de tu querido padre Odiseo &#8212;dijo el monarca con tristeza&#8212;. Mi barco qued&#243; retenido all&#237; por una inquietante calma. Hab&#237;a zarpado sin hacer ninguna ofrenda a los esp&#237;ritus de las olas y los vientos, y esta calma fue su venganza contra m&#237;. Mis marineros y yo vimos salir y ponerse el sol, salir y ponerse de nuevo, y as&#237; durante veinte d&#237;as, y en todo ese tiempo no nos movimos m&#225;s que si estuvi&#233;ramos dando un paseo.</p>
      <p>
          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/penelope-telemaco-anciano">
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          </a>
      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Aquiles, Filoctetes y las flechas de Troya]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/aquiles-filoctetes-flechas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/aquiles-filoctetes-flechas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Wed, 10 Jun 2026 14:16:43 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Ya hemos contado c&#243;mo cay&#243; Troya. Ahora bien, &#191;a qu&#233; se debi&#243; toda esa guerra? La verdad es que es una historia que comenz&#243; con otra manzana dorada&#8230;</p><p>Un d&#237;a se celebr&#243; la boda de una ninfa marina con un rey mortal, y en las cuevas del mar se estaba celebrando un banquete fastuoso al que hab&#237;an acudido todos los inmortales bajados del Olimpo. De repente, en la mesa del banquete, apareci&#243; un ser al que nadie quer&#237;a, con el pelo en forma de serpientes y los ojos crueles: era el esp&#237;ritu de la Discordia y, como era de esperar, no hab&#237;a sido invitada a la boda, que era el &#250;ltimo lugar donde alguien deseaba verla.</p><p>Con mirada airada, arroj&#243; una manzana dorada sobre la mesa y luego desapareci&#243;. Cuando uno de los invitados recogi&#243; la fruta, todos vieron que en ella estaban escritas estas palabras: &#171;&#161;Para la m&#225;s bella!&#187;. Esto provoc&#243; una acalorada disputa entre las diosas inmortales: Hera, Atenea y Afrodita estaban decididas por igual a quedarse con la manzana. Llevaron la disputa desde las cuevas marinas hasta las laderas de las monta&#241;as, pero aun as&#237; no pudieron resolverla. Y tal vez nunca se hubiera resuelto si no hubiera llegado un apuesto pastorcillo cantando por uno de los senderos de la monta&#241;a y hubiera pasado justo junto a las tres damas divinas, justo cuando discut&#237;an m&#225;s acaloradamente que nunca, con Hermes al lado sujetando la manzana.</p><p>Las inmortales se quedaron mirando al pastorcillo, y el pastorcillo les devolvi&#243; la mirada. Entonces todas le pidieron que fuera el juez, y Hermes le entreg&#243; la manzana. Sosteni&#233;ndola en la mano, el joven mir&#243; t&#237;midamente de arriba abajo a las diosas mientras ellas se luc&#237;an como hermosos pavos reales. Al final, dio un paso adelante y le entreg&#243; la manzana a Afrodita.</p><p>Al fin y al cabo, Afrodita era realmente la m&#225;s hermosa del Olimpo, as&#237; que nadie deber&#237;a haberse sorprendido. Adem&#225;s, ella le hab&#237;a susurrado suavemente al pastor que, si &#233;l le daba la manzana, ella le conseguir&#237;a a la mujer m&#225;s hermosa del mundo como esposa. Ahora que hab&#237;a ganado la fruta resplandeciente, se puso manos a la obra para cumplir su promesa, y comenz&#243; dici&#233;ndole que fuera a Troya y se presentara ante el rey y la reina.</p><p>El joven pastor, que se llamaba Paris, parti&#243; hacia Troya dejando atr&#225;s sus reba&#241;os y su dulce y melodiosa flauta. Cuando lleg&#243; a Troya, la hija del rey lo reconoci&#243; como su propio hermano, al que hab&#237;an abandonado hac&#237;a mucho tiempo para que muriera en una lejana ladera, porque a sus padres les hab&#237;an dicho que, por su culpa, toda la familia real perecer&#237;a alg&#250;n d&#237;a. Sin embargo, cuando el rey y la reina vieron lo apuesto que era ahora su hijo perdido hac&#237;a tanto tiempo, se arrepintieron de su propia crueldad con &#233;l cuando era un beb&#233;. Lo llevaron de vuelta a su hogar en el palacio, lo vistieron con magn&#237;ficas ropas de p&#250;rpura y oro y lo proclamaron pr&#237;ncipe de su propia sangre, al que deb&#237;a tratarse como a un miembro de la realeza y ocupar su lugar junto a sus hermanos. Esperaban que la malvada profec&#237;a nunca se cumpliera; pero sus esperanzas fueron en vano, pues &#191;qu&#233; hizo aquel joven, apuesto y bobo?</p><p>&#161;Se llev&#243; a la reina Helena de Esparta en un gran barco a su propio pa&#237;s! La reina Helena hab&#237;a nacido junto con C&#225;stor y P&#243;lux de un huevo de cisne y se hab&#237;a convertido en la mujer m&#225;s hermosa del mundo. Fue para rescatarla por lo que el rey de Esparta, Odiseo y muchos otros pasaron diez largos a&#241;os intentando derribar las murallas de Troya, y podr&#237;an haber pasado otros veinte si Atenea (que nunca se hab&#237;a olvidado de la manzana) no le hubiera dado a Odiseo la ingeniosa idea del caballo. As&#237; pues, los magos de aquellos tiempos, que sab&#237;an lo que iba a suceder en el futuro, bien podr&#237;an decir que ser&#237;a a causa de Paris que el rey y la reina, y los pr&#237;ncipes y princesas de Troya, perecer&#237;an todos de la manera m&#225;s desdichada.</p><p>Mientras tanto, la ninfa marina y el rey mortal en cuya boda hab&#237;a comenzado todo el l&#237;o de la manzana tuvieron un precioso beb&#233;. La ninfa marina, llamada Tetis, pensaba que nunca hab&#237;a nacido un beb&#233; as&#237;, ni en las brumosas cuevas marinas de color perla ni en las guarder&#237;as del palacio, con sus columnas de marfil y oro.</p><p>Quer&#237;a convertirlo en un ser inmortal, como ella misma, as&#237; que un d&#237;a lo llev&#243; al r&#237;o &#201;stige, donde el &#225;guila hab&#237;a llenado la botella de cristal para Psique, y lo sumergi&#243; en sus extra&#241;as y oscuras aguas que flu&#237;an hacia el inframundo y regaban el jard&#237;n de Pers&#233;fone, lleno de frutos tristes y amapolas p&#250;rpuras. Pero, cuando Tetis sumergi&#243; al ni&#241;o, lo sujet&#243; por un tal&#243;n; y ese tal&#243;n no fue tocado por el agua m&#225;gica, sino que se qued&#243; como el tal&#243;n de un ser humano corriente.</p>
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      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Odiseo y el misterioso caballo de madera]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/odiseo-caballo-madera</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/odiseo-caballo-madera</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:39:35 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Atenea era la m&#225;s sabia de entre los inmortales, al igual que Afrodita era la m&#225;s bella. La vigorosa y encantadora doncella que hab&#237;a surgido de la cabeza del rey siempre estaba dispuesta a ense&#241;ar y ayudar a los mortales que deseaban realizar haza&#241;as valientes y buenas. Los romanos la llamaban Minerva, pero los griegos la llamaban Atenea o Palas Atenea; y, un d&#237;a, cuando vio a unas personas construyendo una ciudad magn&#237;fica y hermosa en Grecia, acudi&#243; a Zeus y le dijo que le gustar&#237;a tomar la ciudad bajo su protecci&#243;n especial y bautizarla como Atenas en su propio honor.</p><p>Zeus estaba de acuerdo, y todo estaba a punto de resolverse sin disputas. Pero en ese momento, subiendo pesadamente por la ladera de la monta&#241;a, con su corona de conchas y perlas echada hacia abajo sobre sus ojos enfadados, y las an&#233;monas marinas cayendo entre las an&#233;monas silvestres que florec&#237;an en el camino, Poseid&#243;n, el rey del mar, lleg&#243; al Olimpo terriblemente molesto.</p><p>&#8212;La ciudad me pertenece a m&#237; &#8212;dijo&#8212;. Siempre he construido ciudades, como todo el mundo sabe. Tengo la intenci&#243;n de darle mi propio nombre, &#161;as&#237; que tu nueva favorita no tiene nada m&#225;s que decir al respecto! &#161;Soy mucho m&#225;s inteligente que ella!</p><p>Zeus dud&#243; y mir&#243; a Atenea, que estaba orgullosa de pie a su lado, y que respondi&#243; con br&#237;o:</p><p>&#8212;Si el rey del mar es con diferencia m&#225;s inteligente que yo, &#161;que haga algo para demostrarlo!</p><p>Poseid&#243;n emiti&#243; bajo su reluciente barba un sonido que se asemejaba bastante al rugido del propio mar. Entonces golpe&#243; la tierra con su cetro de tres puntas, y de la tierra salt&#243; un hermoso caballo sacudiendo una crin blanca y rizada como la espuma. Pero Atenea, sonriendo, clav&#243; su lanza profunda entre las flores de la monta&#241;a, y creci&#243; un olivo, despacio y majestuoso, que sacudi&#243; sus hojas verde plateado contra el cielo azul. Luego, se volvi&#243; hacia Zeus serenamente.</p><p>&#8212;&#191;Cu&#225;l es el mejor regalo para los hombres? &#8212;pregunt&#243;&#8212;. &#191;El caballo o el olivo? A lomos de los caballos pueden cabalgar magn&#237;ficamente a la batalla o conducir sus carros para visitar a los pr&#237;ncipes vecinos. Pero los olivos les dar&#225;n madera para sus casas, aceite para amasar su pan y una suave sombra en sus huertos. &#191;Cu&#225;l es el mejor regalo? &#161;Que decidan los inmortales!</p><p>Y al un&#237;sono los resplandecientes inmortales que se hab&#237;an reunido alrededor del trono del rey se decidieron a favor del olivo. As&#237; pues, Poseid&#243;n regres&#243; airado a sus cuevas reales bajo el oc&#233;ano, y a Atenea se le permiti&#243; llamar a la ciudad Atenas, tal y como deseaba. Y, como todo el mundo sabe, se llama Atenas hasta el d&#237;a de hoy.</p><p>Atenea visitaba esta hermosa ciudad con regularidad, al igual que todas las dem&#225;s que se construyeron en los valles de Grecia. Cada vez que nac&#237;a un nuevo beb&#233;, se apresuraba a acudir para infundirle algo de su propio esp&#237;ritu sabio y sereno. Quiz&#225;s, de entre todos los hombres, al que m&#225;s apreciaba era un rey llamado Odiseo, al que le ense&#241;&#243; a ser muy fuerte y valiente. Sin embargo, aunque le infundi&#243; valor, siempre le dec&#237;a que la paz que reina en los olivares es mejor que las batallas a las que los hombres cabalgan sobre los caballos amados por el rey del mar. Por tanto, cuando estall&#243; una gran guerra y otros reyes y pr&#237;ncipes se apresuraban a la lucha, Odiseo decidi&#243; quedarse en casa, en su reino, con su hijo peque&#241;o y su dulce esposa, Pen&#233;lope. Fingi&#243;, por tanto, que hab&#237;a perdido el juicio &#8212;aunque es cierto que lo conservaba perfectamente&#8212; y, saliendo una ma&#241;ana de primavera con un arado, unci&#243; un buey y un caballo y se puso a arar las arenas de la orilla del mar, y a sembrar los surcos, con gran alegr&#237;a, con amplios pu&#241;ados de sal que lanzaba al aire.</p><p>Pero el mensajero que hab&#237;a acudido a convocar a Odiseo a la batalla era a&#250;n m&#225;s astuto que &#233;l y, observ&#225;ndolo, se dijo a s&#237; mismo: &#171;&#161;Este rey de &#205;taca no est&#225; tan loco como parece!&#187;. Entonces se escabull&#243; hacia el palacio, agarr&#243; al pr&#237;ncipe a&#250;n beb&#233; de su cuna y lo acost&#243;, a&#250;n profundamente dormido, en uno de los extra&#241;os y arenosos surcos hechos por el arado de su regio padre. Odiseo, cantando y mirando fijamente, avanzaba como un loco; pero, cuando vio al beb&#233;, su rostro se transform&#243;. Con un movimiento r&#225;pido, apart&#243; al caballo y al buey, volc&#243; el arado y agarr&#243; a su hijito en sus brazos. Entonces, mirando a su alrededor, vio al mensajero triunfante, as&#237; que, confesando que su locura no era m&#225;s que una farsa, tom&#243; su escudo y su espada, se abroch&#243; la armadura y parti&#243; con valent&#237;a a la guerra con el resto del mundo.</p><p>Los reyes y capitanes griegos zarparon en naves de velas blancas y viajaron hasta llegar a una costa, con verdes campos y bosques por doquier, donde se alzaban altas colinas p&#250;rpuras detr&#225;s de las relucientes torres de una gloriosa ciudad llamada Troya. Sobre las murallas de Troya se alzaba una gran horda de troyanos, tan fuertes e intr&#233;pidos como los propios griegos, que agitaban sus lanzas, entonaban sus cantos de guerra y gritaban desafiantes a quienes hab&#237;an llegado para conquistarlos.</p><p>Los griegos levantaron un campamento magn&#237;fico a las afueras de la ciudad, arrastrando sus naves hasta la playa y aline&#225;ndolas en filas, y construyendo caba&#241;as con techos de juncos para sus l&#237;deres. A continuaci&#243;n, marcharon hacia las murallas, con sus m&#250;sicos entonando cantos y el sonido claro de sus trompetas resonando en el aire. A sus pies, la arena de la orilla se levantaba en una niebla dorada; sus grandes escudos y yelmos reflejaban los deslumbrantes rayos del sol; y sus l&#237;deres les gritaban desde carros de guerra tirados por grandes caballos. As&#237; pues, todas las ninfas del bosque, del mar y de los r&#237;os, a quienes no les importaba en absoluto la batalla ni qu&#233; bando saliera vencedor, huyeron hacia los tranquilos claros y arroyos del bosque, y solo se detuvieron cuando, una vez m&#225;s, no oyeron a su alrededor m&#225;s que el canto de los p&#225;jaros, el murmullo del agua y el viento entre los &#225;rboles.</p><p>&#161;Pero no as&#237; Atenea! Ella volaba con sus fuertes alas, tan alta como un &#225;guila, sobre los ej&#233;rcitos griegos, con su mirada penetrante fija en Odiseo y su mente puesta en su victoria y su fama. Ella, que le hab&#237;a ense&#241;ado a amar la paz, deb&#237;a ahora ense&#241;arle a triunfar en la guerra.</p><p>Muchos a&#241;os dur&#243; la lucha y, una y otra vez, durante esos a&#241;os, los griegos se lanzaron, gritando y cantando, contra las murallas de Troya. El rey del mar observaba la batalla con atenci&#243;n, asom&#225;ndose a trav&#233;s de las verdes olas de la bah&#237;a. Atenea, observando con igual entusiasmo desde el cielo, vio que los griegos nunca podr&#237;an por s&#237; solos derribar aquellas murallas de piedra lisa y pulida. As&#237; pues, una tarde, sabiendo que Odiseo seguramente visitar&#237;a una peque&#241;a arboleda cerca de la orilla, donde se hab&#237;a erigido una estatua de ella, descendi&#243; de las nubes a la tierra; y el rey de &#205;taca, que se acercaba solo a la luz de la luna, vio su brillante t&#250;nica y oy&#243; el batir de sus alas de &#225;guila.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/odiseo-caballo-madera">
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      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Monstruos en los antiguos relatos de viajeros]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/monstruos-antiguos-relatos-viajeros</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/monstruos-antiguos-relatos-viajeros</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Thu, 04 Jun 2026 14:36:38 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Los marineros de hoy en d&#237;a que regresan de pa&#237;ses lejanos suelen contar historias sobre las maravillas que han visto, pero esas maravillas no son nada comparadas con las que vivieron los marineros de la antigua Grecia. Por supuesto, en cualquier momento pod&#237;an encontrarse con Poseid&#243;n, con sus doncellas marinas de color verde, sus caballos azules y blancos, y sus delfines moviendo la cola; por no hablar de Afrodita sobre su bonita concha de plata, con sus ninfas jugando a su alrededor. Estas criaturas sol&#237;an ser amigas de los marineros; pero entre la gente del mar tambi&#233;n hab&#237;a algunos monstruos horribles, de los cuales los peores eran dos criaturas demon&#237;acas llamadas Escila y Caribdis.</p><p>Escila hab&#237;a sido en otro tiempo una hermosa princesa, pero la hab&#237;an convertido en un monstruo como castigo por algo muy escandaloso que hab&#237;a hecho. El reino de su padre fue invadido por un monarca vecino del que ella se enamor&#243;. Sab&#237;a que entre las canas de su padre hab&#237;a un mech&#243;n de color p&#250;rpura; tambi&#233;n sab&#237;a que, mientras el mech&#243;n p&#250;rpura creciera a salvo entre las canas del viejo rey, nunca le podr&#237;an arrebatar su pa&#237;s.</p><p>As&#237; pues, como estaba enamorada del rey enemigo, una noche se col&#243; en la alcoba de su padre y le cort&#243; el mech&#243;n p&#250;rpura mientras dorm&#237;a. Luego, con el mechoncillo de pelo en la mano, se dirigi&#243; al campamento del rey invasor y, ofreci&#233;ndoselo, le cont&#243; lo que hab&#237;a hecho por &#233;l. Pero &#233;l, un hombre valiente y honorable, se horroriz&#243;. Declar&#243; que nunca podr&#237;a beneficiarse de un acto tan perverso y orden&#243; que prepararan sus barcos para zarpar de inmediato.</p><p>Cuando Escila vio la nave real alejarse de la costa del reino de su padre, se lanz&#243; al agua e intent&#243; aferrarse a la popa, pero al instante se transform&#243; en un terrible monstruo con seis cabezas y doce pies, que se alimentaba de delfines, lobos de mar, marineros y pescadores siempre que pod&#237;a atraparlos y devorarlos.</p><p>Casi frente a la cueva marina de Escila, en lo alto de las rocas, ten&#237;a su morada Caribdis, el otro monstruo. Era el esp&#237;ritu mal&#233;fico de un gran pe&#241;asco; y tres veces al d&#237;a provocaba que el mar formara un enorme remolino, que ella succionaba hacia las profundas cavernas que se abr&#237;an bajo un precipicio coronado por una higuera gigante. &#161;Ay de aquel barco que navegara por aquellas aguas traicioneras! Sin previo aviso, las olas comenzaban a agitarse, a girar y a rugir, y luego se precipitaban hacia las cuevas de Caribdis, arrastrando barcos, marineros y todo lo dem&#225;s. No es de extra&#241;ar que los h&#233;roes y marineros que tripulaban las naves de aquellos tiempos se advirtieran unos a otros, con tono sobrecogido, que tomaran todas las precauciones posibles si ten&#237;an que navegar por el estrecho canal de agua que discurr&#237;a entre Escila y Caribdis.</p><p>Luego estaban las dos grandes rocas flotantes, parecidas a icebergs, aunque el sol no pod&#237;a derretirlas. Eran conocidas como las Simpl&#233;gades y, aunque en realidad no eran seres vivos, se comportaban como si lo fueran. Flotaban por el mar, una al lado de la otra, cerca de un estrecho tan angosto como el que separaba a Escila y Caribdis. Cada vez que un barco navegaba orgulloso por el estrecho, las Simpl&#233;gades se colocaban en posici&#243;n, justo donde el canal era m&#225;s estrecho. Entonces, cuando la embarcaci&#243;n pasaba entre ellas, estas dos grandes rocas comenzaban a acercarse, movi&#233;ndose con mort&#237;fera certeza y rapidez, hasta que chocaban con un estruendo terrible y reduc&#237;an el barco a polvo en su duro abrazo. Se necesitaba un capit&#225;n valiente e inteligente para dirigir su barco entre las Simpl&#233;gades, aunque ya sabemos que Jas&#243;n lo consigui&#243; y las rocas quedaron unidas por fin.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Heracles, Hipómenes y Atalanta: manzanas doradas]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/heracles-hipomenes-atalanta-manzanas-doradas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/heracles-hipomenes-atalanta-manzanas-doradas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Wed, 03 Jun 2026 13:28:38 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Esta es una historia no solo sobre las manzanas doradas que Heracles llev&#243; a su primo el rey, sino tambi&#233;n sobre otras manzanas hechas del mismo metal m&#225;gico. Pero, antes de nada, contaremos la historia de Heracles y el lejano jard&#237;n oculto donde crec&#237;an esas manzanas.</p><p>Cuando el rey le dijo que deb&#237;a encontrar ese jard&#237;n y recoger algunos de los frutos relucientes del &#225;rbol, el pobre Heracles se desesper&#243;, pues sab&#237;a muy bien que el manzano se hab&#237;a perdido hac&#237;a much&#237;simo tiempo y nunca m&#225;s se hab&#237;a vuelto a encontrar. Se lo hab&#237;an regalado a la reina Hera como regalo de boda, cubierto de su cosecha de oro; y ella lo hab&#237;a puesto al cuidado de unas hermosas doncellas cuyo padre, H&#233;spero, llevaba cada noche la estrella vespertina al cielo en una antorcha engastada con gemas.</p><p>Estas doncellas eran conocidas como Hesp&#233;rides por ser las hijas de H&#233;spero; y, para que las manzanas nunca fueran robadas, hab&#237;an llevado el &#225;rbol muy lejos, a &#193;frica, donde lo hab&#237;an plantado en un jard&#237;n secreto, y luego pusieron de vigilante a un drag&#243;n que viv&#237;a bajo las ramas, que custodiaba el preciado fruto tanto de d&#237;a como de noche.</p><p>Heracles se ech&#243; al hombro su piel de le&#243;n, tom&#243; su maza y parti&#243; en busca de alguien que le dijera d&#243;nde encontrar el jard&#237;n de las Hesp&#233;rides. &#161;Pero nadie lo sab&#237;a! Todos hab&#237;an o&#237;do hablar de las manzanas y de las hermosas doncellas que las hab&#237;an escondido, pero ni un alma ten&#237;a idea de d&#243;nde se encontraba el jard&#237;n. Al fin, le dijeron que fuera a buscar a Prometeo, quien realmente podr&#237;a hablarle del jard&#237;n.</p><p>As&#237; pues, parti&#243; en busca de Prometeo, a quien encontr&#243; encadenado a una roca en un solitario desfiladero de monta&#241;a, con un enorme buitre que lo vigilaba y picoteaba de la forma m&#225;s cruel. Esa era la forma en que Zeus castigaba a Prometeo por haber robado el fuego, &#161;como si todos los problemas que la pobre y bella Pandora hab&#237;a acarreado a los hombres no fueran ya venganza suficiente! Sin embargo, Heracles dispar&#243; al buitre con una de sus flechas envenenadas, rompi&#243; los grilletes de hierro y liber&#243; a Prometeo. Y este hombre sabio, valiente y bueno nunca volvi&#243; a estar encadenado a la roca, sino que se le permiti&#243; quedar libre para siempre.</p><p>Prometeo, rebosante de alegr&#237;a, pidi&#243; a Heracles que se adentrara un poco m&#225;s en su viaje y buscara a Atlas, un gigante enorme y fuerte que viv&#237;a en la cima de una alta monta&#241;a sosteniendo el cielo con su poderosa cabeza y sus hombros. Atlas lo sab&#237;a todo sobre el jard&#237;n &#8212;dijo Prometeo&#8212; y estar&#237;a m&#225;s que dispuesto a ayudar.</p><p>Muy contento y orgulloso de haber liberado al hombre que hab&#237;a robado el fuego del palacio resplandeciente, Heracles se puso en marcha una vez m&#225;s. Y, efectivamente, tras unas cuantas aventuras m&#225;s, encontr&#243; a Atlas en la cima de la misma monta&#241;a que Prometeo hab&#237;a descrito.</p><p>&#161;Qu&#233; gigante tan agotado, paciente y aburrido debi&#243; de ser Atlas! Durante siglos y siglos hab&#237;a permanecido all&#237; de pie, en la nieve, con la cabeza entre las nubes y las estrellas. Hay quien, al contarle la historia de Atlas, dir&#225; que no era el cielo lo que sosten&#237;a, sino el mundo entero. Sea como fuere, sin duda se alegr&#243; tanto de ver a Heracles que le cont&#243;, en un santiam&#233;n, todo sobre el jard&#237;n, las hermosas doncellas y el drag&#243;n despierto que custodiaba el &#225;rbol. Y entonces Atlas dijo que, si Heracles ten&#237;a la amabilidad de sostener el cielo por &#233;l durante su ausencia, &#161;&#233;l ir&#237;a al jard&#237;n y entregar&#237;a las manzanas personalmente!</p><p>Heracles accedi&#243; a este plan, y con una facilidad asombrosa, teniendo en cuenta la tarea que deb&#237;a de suponer. Atlas desliz&#243; el cielo de sus propios hombros sobre la espalda de Heracles. As&#237; pues, all&#237; estaba el hombre m&#225;s fuerte del mundo, con el cielo, lleno de estrellas, y quiz&#225; un cometa o dos cruz&#225;ndolo a toda velocidad, presion&#225;ndole el cuello y la cabeza, mientras Atlas se alejaba a toda prisa murmurando para s&#237; mismo, al estilo de los gigantes. Heracles lo vio hasta que desapareci&#243; de su vista y, si no hubiera sido tan valiente como fuerte, seguramente habr&#237;a deseado de todo coraz&#243;n verlo regresar.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El rey Midas y el toque de oro]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#201;rase una vez...]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/rey-midas-toque-oro</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/rey-midas-toque-oro</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 02 Jun 2026 15:56:07 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Baco, de quien ya hemos hablado en otra historia, era muy poderoso e inteligente y pod&#237;a conceder a los seres humanos casi cualquier deseo que le pidieran. &#161;No es de extra&#241;ar que el timonel estuviera encantado de estar bajo su protecci&#243;n! Sin embargo, Baco ten&#237;a un car&#225;cter bastante p&#237;caro, y esta es la historia de una broma pesada que le gast&#243; una vez a un rey rico y codicioso.</p><p>El rey se llamaba Midas. Era muy rico, sin duda, pero tambi&#233;n un avaro empedernido. Amaba el oro por el oro mismo, no por lo que pudiera hacer con &#233;l. Acumulaba todo el que pod&#237;a y le encantaba pasar horas contando sus monedas. Algunos de los tesoros de su palacio estaban hechos de oro puro, y nunca se cansaba de mirarlos, de tocarlos y de desear de todo coraz&#243;n tener muchos m&#225;s.</p><p>Una ma&#241;ana, el rey Midas estaba sentado en su trono cuando se oy&#243; un gran ruido fuera, y entraron varios de sus cosechadores y jardineros llevando una extra&#241;a figura atada con &#161;cadenas de rosas! Era el viejo Sileno, que se hab&#237;a perdido &#8212;y no solo &#233;l, sino tambi&#233;n todos sus amigos y su brioso asno salvaje&#8212;. Estaba muy triste y angustiado, pues la gente del campo lo hab&#237;a encontrado dormido en el jard&#237;n de rosas del rey, y pensaban que era un gran logro haber capturado a un s&#225;tiro salvaje.</p><p>Midas se alegr&#243; mucho, pues algunos de sus parientes lejanos eran s&#225;tiros, y agasaj&#243; a Sileno con gran hospitalidad durante diez d&#237;as. Luego dijo que &#233;l mismo lo llevar&#237;a de vuelta con Baco y parti&#243; a trav&#233;s del bosque en busca del inmortal coronado de hiedra. Cuando llegaron al claro florido donde Baco viv&#237;a en aquel momento, el rey Midas dej&#243; a Sileno al cuidado de su disc&#237;pulo y se dispuso a emprender el camino de vuelta a casa.</p><p>Pero Baco lo detuvo y le dijo que, a cambio de su bondad, el rey pod&#237;a pedir cualquier regalo que deseara. Midas declar&#243; al instante que lo que quer&#237;a, por encima de todo, era m&#225;s dinero y m&#225;s tesoros. &#191;Le conceder&#237;a Baco el don de convertir en oro todo lo que tocara?</p><p>Baco sonri&#243; e hizo un peque&#241;o gesto de advertencia con la cabeza. Luego le dijo a Midas que le conceder&#237;a su petici&#243;n. Pero el inmortal volvi&#243; a negar con la cabeza y pareci&#243; divertido mientras el rey se alejaba alegremente. Baco se preguntaba cu&#225;nto tiempo pasar&#237;a antes de que Midas se arrepintiera profundamente de haber pedido tal regalo.</p><p>El codicioso rey camin&#243; de regreso a casa a trav&#233;s del bosque muy satisfecho con el trabajo de la ma&#241;ana. De pronto pens&#243; que deb&#237;a poner a prueba su maravilloso nuevo poder. Levantando la mano, dotada de su extra&#241;a magia, hacia una rama verde que colgaba justo sobre su cabeza, arranc&#243; una ramita, con los ojos brillantes de emoci&#243;n, fijos en la bonita corteza marr&#243;n y las hojas verdes. &#161;Y he aqu&#237; que, en el momento en que sus dedos tocaron la ramita, esta se convirti&#243; en el oro m&#225;s brillante y puro, y, separ&#225;ndola de la rama, Midas se la llev&#243; a casa con el coraz&#243;n lati&#233;ndole de emoci&#243;n mientras la giraba de un lado a otro para hacerla brillar y resplandecer al sol.</p><p>El rey sigui&#243; su camino sosteniendo en alto su ramita dorada. Al poco rato pens&#243; en volver a probar su poder, as&#237; que se agach&#243; y cogi&#243; una piedra, que tambi&#233;n se convirti&#243; inmediatamente en oro. Meti&#233;ndola en el bolsillo de su t&#250;nica &#8212;que se hab&#237;a ido convirtiendo silenciosamente en oro todo ese tiempo&#8212;, camin&#243; un poco m&#225;s y sali&#243; del bosque a un campo de cereales. Recogi&#243; una de las espigas, y esta tambi&#233;n brill&#243; al instante con un resplandor dorado entre sus dedos. Luego lleg&#243; a su propio huerto y, al arrancar una manzana, se encontr&#243; cargado con otro tesoro. Lo mismo ocurri&#243; cuando cogi&#243; un ramo de rosas en el jard&#237;n.</p><p>As&#237;, cargado de frutos dorados, cereales y flores, con los bolsillos a rebosar de piedras de oro y su t&#250;nica dorada arrastr&#225;ndose pesadamente a su alrededor, el rey Midas subi&#243; los escalones de su palacio y, pasando entre sus sorprendidos cortesanos, lleg&#243; a los escalones de su trono.</p><p>Se detuvo un momento, dej&#243; a un lado su bot&#237;n y pos&#243; la mano sobre una columna, la cual, como era de esperar, se convirti&#243; en oro al instante. A continuaci&#243;n, orden&#243; a sus cortesanos que enviaran invitaciones para un gran banquete que se celebrar&#237;a en el sal&#243;n de fiestas tan pronto como se pudieran preparar las mesas con deliciosos manjares y vino. &#171;Porque &#8212;pens&#243;&#8212; &#161;voy a presumir de mi don m&#225;gico ante todos los pr&#237;ncipes vecinos y sus ministros! &#161;C&#243;mo me envidiar&#225;n por mis extraordinarios poderes!&#187;.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Jasón y Medea: la magia de las hierbas]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-medea-magia-hierbas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-medea-magia-hierbas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 26 May 2026 10:14:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>En aquel lejano pa&#237;s hacia el que partieron Jas&#243;n y su banda de h&#233;roes en su gran barco de cincuenta remos viv&#237;a un poderoso rey y su hermosa hija, Medea. Esta princesa ten&#237;a el cabello y las cejas oscuros, y sus maravillosos ojos estaban tan llenos de misterio como los estanques de turba negros y tranquilos de los p&#225;ramos de las monta&#241;as. Ella conoc&#237;a much&#237;simos secretos que la tierra ocultaba al resto de la gente, y por la noche se adentraba sin miedo en el bosquecillo encantado donde el vellocino de oro desprend&#237;a su misteriosa luz entre las ramas del roble, y el drag&#243;n balanceaba su alta y enorme cabeza de un lado a otro entre los tenues &#225;rboles y las estrellas plateadas.</p><p>En los bosques sombr&#237;os, Medea vagaba completamente sola con sus piececitos blancos descalzos y su larga melena ondeando a su alrededor como un velo. All&#237;, en el silencio del bosque, se deten&#237;a y alzaba los brazos hacia las estrellas, cantando en voz baja a los esp&#237;ritus que viv&#237;an entre ellas. Luego daba tres vueltas y, agach&#225;ndose junto al arroyo a sus pies, se echaba agua de &#233;l tres veces sobre la cabeza. Por &#250;ltimo, lanzaba tres gritos largos y graves, extra&#241;os y lastimeros, como un b&#250;ho que llama a su pareja en la noche. Entonces, desde las estrellas, descend&#237;a un carro resplandeciente, tirado por un drag&#243;n, chispeante con peque&#241;as flechas de fuego. Medea se sub&#237;a a este carro m&#225;gico, y el drag&#243;n volaba con ella hasta las cimas de las altas monta&#241;as, donde recog&#237;a todo tipo de flores y hierbas raras. Las llevaba al palacio y las mezclaba en un caldero dorado, profiriendo encantamientos en voz baja todo el tiempo. Los aceites perfumados elaborados de esta manera los vert&#237;a con cuidado en peque&#241;os frascos y jarrones, y nunca hubo ung&#252;entos m&#225;s llenos de hechicer&#237;a que los elaborados por la princesa Medea.</p><p>Por muy hermosa e inteligente que fuera, no quer&#237;a casarse, pues una vez hab&#237;a visto a Jas&#243;n en un sue&#241;o, y le pareci&#243; el &#250;nico hombre al que podr&#237;a amar jam&#225;s. Sab&#237;a que alg&#250;n d&#237;a &#233;l llegar&#237;a al reino de su padre; y, efectivamente, una luminosa ma&#241;ana aparecieron en la bah&#237;a las velas de la Argo, la m&#250;sica de Orfeo flot&#243; sobre las aguas, y el pr&#237;ncipe Jas&#243;n y su noble comitiva desembarcaron.</p><p>Subieron por la playa directamente hacia el palacio y fueron recibidos por el propio rey, pues &#191;no era Jas&#243;n tambi&#233;n de sangre real? Junto al rey iba la hermosa Medea, de ojos oscuros, ansiosa y expectante. El rey condujo a sus invitados al sal&#243;n de banquetes y los sent&#243; a comer y beber, haci&#233;ndoles preguntas todo el tiempo. Le contaron las muchas aventuras que hab&#237;an vivido en su viaje: aventuras casi demasiado emocionantes para que alguien las creyera.</p><p>Entre otras, hab&#237;an pasado sanos y salvos entre dos extra&#241;as rocas de hielo flotantes que intentaron aplastarlos, pero que, al cerrarse justo cuando la embarcaci&#243;n se deslizaba entre ellas, chocaron con tal fuerza que quedaron completamente unidas, y as&#237; permanecieron unidas desde entonces, lo cual fue una suerte para todos los viajeros que, m&#225;s tarde, pasaron por all&#237;.</p><p>Jas&#243;n explic&#243; tambi&#233;n que se hab&#237;an visto obligados a dejar atr&#225;s a Heracles en una isla de la que se hab&#237;a negado a marcharse porque las ninfas de all&#237; le hab&#237;an arrebatado a un hermoso muchacho al que &#233;l amaba, y lo hab&#237;an convertido en rana. Cont&#243; muchas otras cosas al rey antes de comenzar a hablar del objetivo de su viaje, y anunci&#243; con audacia que &#233;l y sus compa&#241;eros hab&#237;an atravesado todos esos peligros con el prop&#243;sito de ganarse el vellocino de oro del bosquecillo encantado. Medea junt&#243; las manos con emoci&#243;n y admiraci&#243;n, pero las cejas de su padre se fruncieron en un gesto de ira.</p><p>&#8212;&#161;Ganarte el vellocino de oro! &#8212;tron&#243;&#8212;. &#161;Hay muchos retos para quien ose a ello! &#161;Pr&#237;ncipe imprudente! Vuelve a tu barco, y ma&#241;ana por la ma&#241;ana ven a arar ese campo pedregoso que ves all&#237;, &#161;con mis toros que escupen fuego!</p><p>Se levant&#243; de la mesa del banquete y se dirigi&#243; furioso a sus aposentos, mientras que Jas&#243;n, triste y decepcionado, regres&#243; a su barco. A la ma&#241;ana siguiente se levant&#243; temprano y sali&#243; a ver el amanecer, pregunt&#225;ndose si ser&#237;a la &#250;ltima vez. Entonces, &#161;oh, sorpresa!, entre los primeros rayos rosados, vio una figura esbelta y velada que se acerc&#243; sigilosamente junto a &#233;l y le entreg&#243; un frasquito de plata.</p><p>&#8212;&#218;ntate por todo el cuerpo con el aceite perfumado del frasco &#8212;susurr&#243; una voz suave&#8212;: &#161;as&#237; los toros no podr&#225;n hacerte da&#241;o!</p><p>La esbelta figura envuelta en un manto se escabull&#243; tan apresuradamente y en silencio como hab&#237;a llegado, pero Jas&#243;n supo que la voz era la de la hija del rey, Medea. Se ba&#241;&#243; en el mar, justo cuando el sol comenzaba a calentar las olas resplandecientes; luego, abri&#243; el frasco y se unt&#243; por todo el cuerpo con el ung&#252;ento perfumado, y no solo a s&#237; mismo, sino tambi&#233;n su escudo y su espada.</p><p>Entonces puso rumbo al palacio una vez m&#225;s. Junto con el rey y sus cortesanos &#8212;todos ellos muy sorprendidos por su regreso&#8212;, Jas&#243;n se dirigi&#243; a los establos de los toros que escup&#237;an fuego. Este establo estaba bajo tierra, y los toros, una vez liberados, salieron precipitadamente de &#233;l como si fueran los propios caballos de Hades.</p><p>Todos huyeron menos Jas&#243;n, mientras los terribles animales brincaban y bramaban, con sus pezu&#241;as doradas reluciendo, sus ojos ardientes, y cientos de lenguas de fuego saliendo de sus bocas. Pero Jas&#243;n se lanz&#243; sin miedo a su encuentro, puso la mano en el cuello del m&#225;s cercano y le habl&#243; con voz suave. Los que observaban desde una distancia segura vieron c&#243;mo se deten&#237;a; vieron tambi&#233;n c&#243;mo los otros toros se agolpaban alrededor del h&#233;roe mientras agitaban los cuernos.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-medea-magia-hierbas">
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          </a>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Pandora y el secreto de la tinaja]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/pandora-secreto-tinaja</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/pandora-secreto-tinaja</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Mon, 25 May 2026 10:13:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Ya sabemos que algunos de los dioses pod&#237;an ser muy envidiosos. Incluso el propio Zeus sol&#237;a enfadarse bastante si pensaba que alguien, ya fuera mortal o inmortal, recib&#237;a demasiada admiraci&#243;n y alabanzas. As&#237; pues, sabiendo que un tal Prometeo era muy grandioso y sabio, el rey del Olimpo lo vigilaba de cerca y estaba siempre dispuesto a intervenir si Prometeo usurpaba de alguna manera el poder real. Prometeo, por su parte, estaba demasiado ocupado ense&#241;ando a los dem&#225;s todo lo que sab&#237;a como para prestar mucha atenci&#243;n a los celos de Zeus. Era una especie de gigante inteligente entre los hombres, y no le importaba nada m&#225;s que hacer a todo el mundo m&#225;s feliz y m&#225;s sabio de lo que hab&#237;a sido antes.</p><p>Hab&#237;a una cosa que, por encima de todo lo dem&#225;s, Prometeo deseaba ofrecer a la humanidad: el don del fuego. Lo conoc&#237;a a la perfecci&#243;n, as&#237; como las maravillas que se pod&#237;an hacer con &#233;l. Sab&#237;a que el propio sol era una bola de ese hermoso y llameante misterio, que Apolo conduc&#237;a cada d&#237;a por el cielo en su carro enjoyado tirado por relucientes caballos alados. Prometeo sab&#237;a tambi&#233;n que hab&#237;a fuego en las estrellas m&#225;s altas y en el coraz&#243;n de los volcanes humeantes.</p><p>Pero en la propia Tierra, en los hogares y talleres de los hombres, no hab&#237;a fuego, pues Zeus ocultaba su secreto y nunca revelar&#237;a a ning&#250;n mortal c&#243;mo producir ni siquiera una chispilla. El gran gigante generoso era muy consciente de que no serv&#237;a de nada pedirle a Zeus que revelara este gran secreto, pues los celos de Zeus le har&#237;an negarse de inmediato. Pero Prometeo era amigo de Atenea y le suplic&#243; a aquella hermosa y bondadosa dama que le mostrara el camino al Olimpo. Ella lo admiraba tanto que nunca pod&#237;a negarle nada, as&#237; que una noche oscura lo condujo por el sendero rocoso hacia el palacio resplandeciente.</p><p>Mientras avanzaban, Prometeo se agach&#243; y recogi&#243; un tallo de hinojo, largo y hueco, y lo guard&#243; en su pecho, bajo el manto. Luego siguieron adelante, a trav&#233;s de los oscuros bosques de pinos, pasando junto a los torrentes de monta&#241;a, subiendo, subiendo, subiendo, hacia el palacio entre las nieves y las estrellas.</p><p>Al poco rato, el forastero vislumbr&#243; las luminosas estancias donde bailaban las ninfas, cantaban las nueve musas y re&#237;an los inmortales mientras conversaban en sus mesas durante un banquete. All&#237;, mientras la tierra abajo era tan fr&#237;a y sombr&#237;a, reinaba una deliciosa calidez y luz. Con pasos silenciosos, Prometeo, envuelto en su oscuro manto, se acercaba cada vez m&#225;s al hogar de los dioses mientras Atenea se&#241;alaba, con orgullo, una u otra maravilla.</p><p>Por fin, tuvo a la vista las largas y hermosas salas, con sus pasillos de columnas doradas que Hefesto hab&#237;a forjado, y vio no solo las columnas, sino el trono m&#225;gico y los altos tr&#237;podes de los que colgaban jarrones de oro y plata. Por encima de todo, vio los exquisitos soportes para las antorchas llameantes y las l&#225;mparas enjoyadas en las que resplandec&#237;a el brillo de ese fuego ardiente que &#233;l se arriesgaba tanto a llevarse.</p><p>Mientras Prometeo permanec&#237;a all&#237; maravillado en la entrada, se oy&#243; el trote de caballos en&#233;rgicos, un destello cegador de ruedas, y apareci&#243; Apolo en su glorioso carro. En un instante, Prometeo extendi&#243; la mano y del carro rob&#243; una espl&#233;ndida gema de luz. La escondi&#243; en el tallo hueco del hinojo, se lo coloc&#243; en el pecho, se envolvi&#243; bien con el manto y huy&#243;, temeroso de que incluso Atenea viera lo que hab&#237;a hecho. Tan r&#225;pido como le llevaban los pies, baj&#243; a toda prisa por las empinadas laderas del Olimpo de vuelta a la tierra, sin aliento por la ansiedad de que la llama de la joya se apagara antes de llegar al valle. Pero el tallo de hinojo guard&#243; bien aquel tesoro de fuego. Prometeo lleg&#243; a su hogar, sac&#243; el precioso tallo de debajo de su manto y, encendiendo una antorcha que se alzaba sobre un soporte, dej&#243; que la llama brillara sobre la tierra como una nueva y maravillosa estrella.</p><p>Aquella misma noche, Zeus, contemplando el mundo en penumbra desde las brillantes glorias del Olimpo, vio peque&#241;as joyas de luz asom&#225;ndose aqu&#237; y all&#225;, tal y como hoy en d&#237;a se ven las l&#225;mparas brillando en ventanas lejanas cuando cae el crep&#250;sculo. El rey de los dioses se sobresalt&#243; y mir&#243; con m&#225;s atenci&#243;n. Entonces, de repente, &#161;supo lo que hab&#237;a sucedido! Sab&#237;a tambi&#233;n que solo Prometeo se habr&#237;a atrevido a traspasar las puertas del palacio sagrado y a robar la materia de la que estaba hecho el sol: el fuego sagrado que pertenec&#237;a solo a los inmortales.</p><p>&#161;Zeus estaba superenfadado con el intr&#233;pido gigante que hab&#237;a llevado a la Tierra el mayor secreto del Olimpo! Mand&#243; llamar a toda prisa a Hefesto, quien siempre hab&#237;a utilizado el fuego en el taller donde hab&#237;a creado a sus damas de oro. Ahora deb&#237;a crear otra dama &#8212;dijo Zeus&#8212;, pero no de oro: deb&#237;a estar hecha de arcilla, delicada y hermosa, y tener un rostro tan bello como el de una ninfa del bosque, y una voz tan dulce como la lira de Apolo. Todos los dioses deb&#237;an obsequiarla con alg&#250;n regalo de encanto o belleza. De hecho, deb&#237;a ser una especie de princesa de cuento; y, cuando estuviera terminada, &#233;l les dir&#237;a a los inmortales qu&#233; pensaba hacer con ella.</p><p>As&#237; pues, Hefesto se alej&#243; cojeando entre sus damas doradas para crear a la ninfa que el rey le hab&#237;a encargado. Molde&#243; a la doncella m&#225;s hermosa que jam&#225;s se hubiera visto y le dot&#243; del rostro m&#225;s bello y la voz m&#225;s dulce del Olimpo (por no hablar de la Tierra, que se extend&#237;a tan lejos, all&#225; abajo).</p><p>Entonces Atenea, que era capaz de realizar todo tipo de exquisitos bordados (aunque ella misma vest&#237;a armadura), atavi&#243; a aquel ser de extrema belleza con una t&#250;nica digna de una reina y le coloc&#243; sobre el cabello un velo que era una maravilla para la vista, adornado con brillantes flores y sujeto con una magn&#237;fica corona.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Jasón y el vellocino de oro]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-vellocino-oro</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-vellocino-oro</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Sat, 23 May 2026 10:12:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Entre los alumnos de Quir&#243;n hab&#237;a un pr&#237;ncipe llamado Jas&#243;n, confiado al sabio y anciano centauro cuando no era m&#225;s que un beb&#233;. Ten&#237;a un t&#237;o muy malvado, que le hab&#237;a robado el reino a su padre y se hab&#237;a entronizado a s&#237; mismo. Pero el peque&#241;o Jas&#243;n estaba escondido en las cuevas del bosque de esas extra&#241;as criaturas, los centauros, que eran mitad caballos, mitad hombres. All&#237;, Quir&#243;n tocaba una lira dorada y cantaba canciones sobre los h&#233;roes de la tierra. Bajo su cuidado, Jas&#243;n creci&#243; fuerte y valiente, capaz de luchar, correr y cazar como el mejor de los pr&#237;ncipes. Cuando se convirti&#243; en un joven vigoroso, Quir&#243;n le revel&#243; qui&#233;n era y le dijo que deb&#237;a ir a su propio pa&#237;s y recuperarle el reino perdido a su padre.</p><p>As&#237; pues, una ma&#241;ana Jas&#243;n parti&#243; a trav&#233;s del bosque con una piel de pantera echada sobre un hombro y una lanza de caza en la mano derecha. Cantando alegremente, avanz&#243; por los claros hasta llegar a un r&#237;o crecido y embravecido por la lluvia. En la orilla estaba sentada una anciana pobre y harapienta, mirando con desesperaci&#243;n las aguas marrones que corr&#237;an, cubiertas de espuma blanquecina. Jas&#243;n le habl&#243; amablemente, pregunt&#225;ndole si quer&#237;a cruzar al otro lado.</p><p>&#8212;Por supuesto que s&#237; &#8212;respondi&#243; ella&#8212;, pero &#191;c&#243;mo puede un cuerpo tan viejo como el m&#237;o vadear un torrente as&#237;?</p><p>&#8212;Ciertamente, no es posible &#8212;respondi&#243; Jas&#243;n&#8212;, pero yo soy joven y fuerte. Yo te llevar&#233;.</p><p>Se ech&#243; a la anciana a los hombros, con su capa ra&#237;da y todo, y se zambull&#243; en el r&#237;o. Ella lo abrazaba con tanta fuerza por el cuello que Jas&#243;n pens&#243; que lo iba a estrangular, pero sigui&#243; con esfuerzo y perdi&#243; una de sus sandalias entre el barro y las piedras. Por fin, sin aliento, lleg&#243; a la otra orilla. La anciana se desliz&#243; de sus hombros, y &#233;l vio que sus pies tocaban el suelo, donde, para su asombro, se mostraban blancos y hermosos y adornados con gemas entre las violetas y los narcisos.</p><p>Entonces percibi&#243; la fragancia de la mirra y las rosas y sinti&#243; el suave roce de un velo casi et&#233;reo. Desconcertado, mir&#243; el rostro de la anciana: &#161;he aqu&#237; que su piel era delicada, y sus ojos, tan azules como el cielo! En la mano llevaba una varita con un cuco dorado posado en la punta; a su lado, un pavo real desplegaba su cola de plumas resplandecientes. Era la propia Hera a quien hab&#237;a llevado al otro lado del arroyo.</p><p>&#8212;Jason &#8212;dijo ella, sonriendo&#8212;, eres tan bueno como apuesto. &#161;Lo que has hecho por una anciana, la reina del Olimpo no lo olvidar&#225;!&#8212;. Entonces, de repente, un carro tirado por dragones de alas doradas brill&#243; entre los cerezos en flor. Ella se subi&#243; a &#233;l y, en un instante, desapareci&#243;.</p><p>Jas&#243;n, lleno de asombro, sigui&#243; su camino, con un pie descalzo y el otro a&#250;n con una sandalia. Lleg&#243; a una gran ciudad y recorri&#243; calles pavimentadas de m&#225;rmol. Se trataba de la capital del reino del que &#233;l era heredero. Al contemplar su belleza, apret&#243; el pu&#241;o y jur&#243; que su t&#237;o se la devolver&#237;a a su leg&#237;timo rey.</p><p>Al poco rato, vio una magn&#237;fica procesi&#243;n que bajaba por una gran escalinata; y en medio se encontraba su malvado t&#237;o. El pr&#237;ncipe se abri&#243; paso con impaciencia para ver mejor, y el rey vio al desconocido entre la multitud. Se sobresalt&#243; y palideci&#243;, fijando la mirada en los pies de su sobrino desconocido. En sus o&#237;dos resonaba el recuerdo de una advertencia que hab&#237;a recibido a&#241;os atr&#225;s: &#171;&#161;Cu&#237;date del hombre que venga a ti con una sola sandalia!&#187;.</p><p>El rey hizo una se&#241;al, y sus guardias se abalanzaron sobre Jas&#243;n y lo sujetaron con fuerza, mientras su t&#237;o, mir&#225;ndolo fijamente, le preguntaba qui&#233;n era.</p><p>&#8212;Soy Jas&#243;n, el hijo de tu hermano, y he venido a reclamar el reino de mi padre &#8212;fue la valiente respuesta del joven.</p><p>El rey palideci&#243; a&#250;n m&#225;s. Le hubiera gustado ordenar que le cortaran la cabeza a Jas&#243;n, pero no se atrevi&#243;. En su lugar, fingi&#243; alegrarse de verlo y lo invit&#243; al palacio a un banquete que estaba a punto de celebrarse. As&#237; pues, Jas&#243;n se uni&#243; a la comitiva y en poco tiempo se encontr&#243; en la residencia real donde hab&#237;a nacido. Todos se sentaron a la mesa para disfrutar del banquete, que fue realmente maravilloso. Hermosas doncellas serv&#237;an vino en copas de oro; apuestos pajes prend&#237;an perfumes en candelabros de &#225;mbar; y los m&#250;sicos tocaban liras de plata. Jas&#243;n pronto se sinti&#243; muy emocionado con estas nuevas im&#225;genes y sonidos, pero nada le emocionaba tanto como las canciones de h&#233;roes que entonaban los m&#250;sicos.</p><p>El malvado t&#237;o lo observaba todo el tiempo, con mirada furtiva y sombr&#237;a, pregunt&#225;ndose c&#243;mo podr&#237;a deshacerse de &#233;l. Por fin, con su mano blanca y enjoyada, hizo una se&#241;al al m&#250;sico m&#225;s importante. Todas las dem&#225;s liras callaron, los sirvientes del banquete se hicieron a un lado, y el m&#250;sico, al pulsar las cuerdas, comenz&#243; a llenar el sal&#243;n con su melod&#237;a.</p><p>Cant&#243; una canci&#243;n maravillosa sobre c&#243;mo, en la corte de un rey, hace mucho tiempo, viv&#237;an una joven doncella y un muchacho rubio, ambos de sangre real. Su padre, el rey, los amaba; pero la reina, su madrastra, los miraba con ojos fr&#237;os y celosos. Cant&#243; c&#243;mo esta cruel reina conspiraba y tramaba contra la dulce princesa y su hermano, y al fin hizo que los llevaran a una alta colina para ser ejecutados.</p><p>Cant&#243; c&#243;mo, mientras estaban all&#237;, atados e indefensos, de repente apareci&#243; ante ellos una criatura brillante y extra&#241;a, con forma de oveja, pero con alas y un vell&#243;n de oro radiante. Los subi&#243; a su lomo, se les soltaron las ataduras, y se alej&#243; volando con ellos por tierra y mar hacia un pa&#237;s lejano. El pr&#237;ncipe se aferr&#243; con fuerza, pero la pobre princesita se asust&#243; mientras volaban sobre las aguas oscuras; al soltarse del vell&#243;n dorado, cay&#243; a las olas, donde las ninfas del mar la cuidaron desde entonces.</p><p>Cant&#243; c&#243;mo la hermosa criatura dej&#243; al pr&#237;ncipe en la orilla de aquel pa&#237;s lejano, y c&#243;mo el pr&#237;ncipe tom&#243; su vellocino dorado y lo colg&#243; en un claro profundo; mientras su esp&#237;ritu bondadoso se alejaba volando hacia los prados floridos de los Campos El&#237;seos, y se alimentaba de ran&#250;nculos dorados y margaritas plateadas, como comen todos los animales buenos cuando llegan a esos pastos inmortales.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/jason-vellocino-oro">
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      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Heracles, el poderoso héroe y sus maravillosas hazañas]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/heracles-poderoso-heroe-maravillosas-hazanas</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/heracles-poderoso-heroe-maravillosas-hazanas</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Wed, 20 May 2026 10:09:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Una ma&#241;ana luminosa, un beb&#233; se despert&#243; muy temprano asombrado: &#191;qu&#233; pod&#237;a haberse metido en su cuna? Al abrir los ojos, vio dos serpientes enormes que estaban a punto de devorarlo. Su nodriza permanec&#237;a sentada junto a &#233;l paralizada por el horror. Pero este extraordinario beb&#233; se limit&#243; a soltar un chillido de diversi&#243;n, agarr&#243; a las serpientes, una en cada mano, como si fueran juguetes de papel, y las estrangul&#243;. Luego se subi&#243; a los cojines y mir&#243; a su alrededor con aire complacido, mientras su madre, que hab&#237;a entrado corriendo, gritaba pidiendo ayuda, y su padre se precipitaba por la puerta blandiendo su espada.</p><p>El beb&#233;, que se llamaba Heracles, creci&#243; y, como era de esperar, se convirti&#243; en el hombre m&#225;s fuerte del mundo entero. Cuando era ni&#241;o, sus padres lo enviaron al bosque, a la escuela de Quir&#243;n, el centauro sabio, que le ense&#241;&#243; que siempre deb&#237;a usar su fuerza de forma correcta. Sin embargo, a pesar de ello, Heracles a veces hac&#237;a cosas malas. Ten&#237;a muy mal genio y, cuando se enfurec&#237;a, golpeaba a quienes le ofend&#237;an. Incluso mat&#243; a algunos de ellos con sus poderosas manos, o les caus&#243; graves da&#241;os de otras formas. Y al fin los inmortales &#8212;que apreciaban a este hombre fuerte y deseaban que se convirtiera en un verdadero h&#233;roe&#8212; le dijeron que solo podr&#237;a obtener el perd&#243;n por sus acciones llevadas por la c&#243;lera si se convert&#237;a en esclavo de su primo el rey y hac&#237;a todo lo que aquel monarca le ordenara.</p><p>Heracles, que realmente lamentaba mucho tener un temperamento tan terrible, consinti&#243; con tristeza y humildad. Se dirigi&#243; al rey, que estaba sentado en su trono de oro, y se le ofreci&#243; como esclavo; y el rey, al aceptar la oferta, le dijo que deb&#237;a realizar doce haza&#241;as grandiosas y arduas, tras lo cual volver&#237;a a ser libre.</p><p>El h&#233;roe acept&#243;. Entonces le dijeron que fuera a un bosque lejano y matara a un le&#243;n terrible que era el terror de toda la gente en un radio de muchos kil&#243;metros. Al instante, Heracles tom&#243; su arco y sus flechas y parti&#243; en busca del le&#243;n. Por el camino pens&#243; que le vendr&#237;a bien un arma m&#225;s, as&#237; que arranc&#243; un olivo de ra&#237;z, le cort&#243; la copa y lo convirti&#243; en una poderosa maza. Armado con la maza y el arco, lleg&#243; a los l&#237;mites del bosque y avanz&#243;, como una nueva especie de gigante, entre los &#225;rboles, con sus fuertes pies descalzos aplastando los helechos y las flores.</p><p>De repente, un fuerte rugido surgi&#243; de un matorral cercano, y de all&#237; sali&#243; corriendo el le&#243;n m&#225;s grande y feroz que jam&#225;s se hubiera visto. Salt&#243; a la garganta de Heracles, pero este lo golpe&#243; en la cabeza con la maza de olivo. Entonces, cuando el le&#243;n cay&#243; al suelo, solt&#243; la maza y, agarrando por el cuello a la bestia que forcejeaba, la estrangul&#243; hasta matarla, tal y como hab&#237;a hecho con las serpientes. Despu&#233;s de esto, tom&#243; sus afiladas garras y con ellas desoll&#243; el cad&#225;ver all&#237; donde yac&#237;a sobre el musgo. Luego se coloc&#243; la piel sobre los hombros y se puso la cabeza sobre el cabello rizado, como si fuera una corona. As&#237;, pareciendo &#233;l mismo un le&#243;n, regres&#243; a la ciudad y volvi&#243; a presentarse ante el rey.</p><p>Pero su majestad se asust&#243; tanto al ver a su primo con un aspecto tan espantoso que, con un grito de terror, se meti&#243; en una gran tinaja de bronce y se qued&#243; all&#237;, ordenando a Heracles que, en lo sucesivo, permaneciera fuera de la ciudad y recibiera &#243;rdenes de uno de los centinelas, generales o cortesanos (de cualquiera, en definitiva, menos del propio rey). Con cierto desd&#233;n, Heracles recibi&#243; la siguiente orden.</p><p>Esta consist&#237;a en destruir a una horrible serpiente de siete cabezas, parecida a un drag&#243;n, que viv&#237;a en un pantano solitario y causaba a&#250;n m&#225;s da&#241;o que el le&#243;n. Sin miedo alguno, el noble y valiente h&#233;roe parti&#243; de inmediato en busca de la serpiente, mientras el rey, muy aliviado por su partida, salt&#243; fuera de la vasija.</p><p>Esta vez, Heracles iba conduciendo un carro junto a su sobrino. Adem&#225;s, llevaba una espada muy afilada. Al poco rato llegaron al pantano donde viv&#237;a el monstruo; y poco a poco, entre los altos y frondosos juncos, vieron una extra&#241;a cabeza escamosa, con ojos brillantes y maliciosos que se mov&#237;an y se agitaban de un lado a otro. Entonces apareci&#243; otra cabeza, &#161;y otra, y otra, y otra! Al momento siguiente sali&#243; un cuello largo y grueso al que estaban unidas las siete cabezas; y ante esta visi&#243;n, el sobrino de Heracles se asust&#243; tanto que quiso huir lo m&#225;s r&#225;pido posible.</p><p>Heracles, sin embargo, salt&#243; al suelo y corri&#243; hacia el monstruo, blandiendo su gran espada reluciente. El arma dio un gran giro y cort&#243; de un solo golpe la primera cabeza a la que pudo alcanzar. Pero, para su horror, &#161;del mu&#241;&#243;n sangrante brotaron al instante siete cabezas m&#225;s!</p><p>As&#237; pues, ahora hab&#237;a trece cabezas en lugar de siete, &#161;cada una de ellas con rechinantes fauces que quer&#237;an devorar al h&#233;roe! No pod&#237;a seguir as&#237;, as&#237; que Heracles se apresur&#243; a buscar a su sobrino &#8212;que hab&#237;a logrado escapar solo y esconderse&#8212; y le hizo encender una antorcha y volver para enfrentarse a la serpiente de trece cabezas que gru&#241;&#237;a y rug&#237;a. Y ahora, cada vez que Heracles cortaba una cabeza, el sobrino &#8212;que quiz&#225; ten&#237;a a&#250;n m&#225;s miedo de su asombroso t&#237;o que del drag&#243;n&#8212; clavaba la antorcha encendida en la herida para que no le crecieran m&#225;s cabezas. De esta manera, la enorme serpiente fue finalmente aniquilada, y Heracles, antes de abandonar los pantanos que hab&#237;an sido su hogar, envenen&#243; todas sus flechas sumergi&#233;ndolas en su sangre.</p>
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          </a>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Perseo y Andrómeda, la princesa y el monstruo marino]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/perseo-andromeda-princesa-monstruo-marino</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/perseo-andromeda-princesa-monstruo-marino</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Mon, 20 Nov 2023 11:08:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>En uno de los pa&#237;ses que Perseo hab&#237;a atravesado mientras volaba hacia la tierra de las gorgonas, viv&#237;an un rey y una reina que ten&#237;an una hija hermos&#237;sima llamada Andr&#243;meda. La amaban m&#225;s que a nada en el mundo, y la reina estaba tan orgullosa de ella que dec&#237;a que era m&#225;s guapa que todas las ninfas de las monta&#241;as y del mar juntas. Las ninfas del mar oyeron su jactancia y se enfadaron mucho, as&#237; que convencieron a Poseid&#243;n, que era el rey del mar, igual que Zeus era el rey del Olimpo, para que enviara un gran monstruo marino, semejante a un drag&#243;n, desde las cuevas del fondo del oc&#233;ano, para que se comiera a todo el que pudiera atrapar y sujetar con sus terribles garras.</p><p>Por tanto, una noche se oy&#243; un triste alarido entre los pescadores de la playa. Dijeron que, mientras tend&#237;an las redes, hab&#237;an visto al rey de las serpientes marinas salir de entre las olas a la luz de la luna y regresar al mar llevando en su malvada boca a una hermosa doncella. Esto volvi&#243; a ocurrir la noche siguiente, y la siguiente, y la siguiente.</p><p>Despu&#233;s de varias semanas de terror, la gente del pa&#237;s dijo que deb&#237;a haber alguna raz&#243;n para que Poseid&#243;n les enviara una maldici&#243;n tan terrible. As&#237; pues, consultaron a una mujer sabia que viv&#237;a en un templo construido especialmente para ella y que pod&#237;a responder a casi cualquier pregunta que le hicieran. Ella les dijo que todo el problema hab&#237;a surgido por la insensata jactancia de la reina, y que el monstruo marino seguir&#237;a comi&#233;ndose a la gente del pa&#237;s hasta que la bella princesa Andr&#243;meda le fuera entregada.</p><p>&#161;Qu&#233; noticia tan terrible para el rey y la reina! Dijeron que nada les har&#237;a renunciar a Andr&#243;meda. Pero el pueblo, que perd&#237;a a sus bellas hijas y a sus hijos noche tras noche, dijo que era preciso sacrificar a una doncella para salvar a cientos. As&#237; pues, se dirigieron al palacio en una gran procesi&#243;n, le ataron las manos a la pobre Andr&#243;meda a la espalda, cantaron canciones a Poseid&#243;n, pero al mismo tiempo lloraron a su dulce princesa casi tan amargamente como lo hicieron el rey y la reina, y marcharon hacia el mar al atardecer. All&#237; la encadenaron a una gran roca al borde del agua, le pusieron coronas de flores alrededor del blanco cuello y sobre los hermosos cabellos, y la abandonaron.</p><p>En ese mismo momento, Perseo, con su brillante armadura, el casco emplumado en la cabeza y las alas de oro en los talones, lleg&#243; volando por las nubes rosadas del atardecer, llevando la cabeza de Medusa.</p><p>Oy&#243; los tristes c&#225;nticos de la procesi&#243;n y vio a aquella pobre y hermosa silueta encadenada a la roca, con las olas de la marea creciente ba&#241;&#225;ndole ya los brazos y los hombros y agitando sus largos cabellos mojados, con las flores en ellos, arriba y abajo en la ondeante espuma. Vol&#243; hacia abajo, como un ave marina, y se qued&#243; medio de pie, medio flotando sobre el agua. Entonces vio un salvaje remolino en el oc&#233;ano y la espalda escamosa y las grandes mand&#237;bulas del monstruo, que nadaba por el mar hacia Andr&#243;meda.</p><p>Emergi&#243; del agua, y hacia &#233;l se dirigi&#243; Perseo, como un &#225;guila sobre una liebre, y golpe&#243; el cuello escamoso con su espada. El monstruo se volvi&#243; contra &#233;l con un rugido, y lucharon hasta que el mar se volvi&#243; todo espuma y las alas de los pies del pr&#237;ncipe estaban tan llenas de ella como los p&#233;talos de una flor est&#225;n llenos de roc&#237;o. Entonces salt&#243; sobre una peque&#241;a roca para asestar el golpe definitivo en el coraz&#243;n del monstruo. La gran bestia experiment&#243; un estremecimiento que sacudi&#243; toda la bah&#237;a como un terremoto, y poco a poco se fue agarrotando en el agua. Al poco rato se hab&#237;a hundido, muerta, bajo la superficie, y no pod&#237;a verse nada de ella salvo lo que parec&#237;a una larga cresta rocosa que asomaba por encima de las olas, como si la cara y el pelo de Medusa hubieran convertido a la criatura en piedra.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Teseo y el Minotauro, el monstruo del laberinto]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/teseo-minotauro-monstruo-laberinto</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/teseo-minotauro-monstruo-laberinto</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 31 Oct 2023 15:57:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Uno de los pr&#237;ncipes m&#225;s apuestos, inteligentes y valientes de aquellos maravillosos d&#237;as se llamaba Teseo. Su padre, que era un gran rey, se vio obligado a dejar a su hijo para que lo criara solo la reina, mientras &#233;l se marchaba a gobernar su reino de Atenas. Pero, antes de partir, levant&#243; una gran roca y coloc&#243; debajo de ella su espada y sus sandalias. Luego le dijo a la reina que, en cuanto Teseo fuera lo bastante grande y fuerte para levantar la piedra, deb&#237;a tomar la espada en la mano, calzarse las sandalias y partir para reunirse con su padre en la corte de la ciudad.</p><p>Pues bien, el peque&#241;o Teseo creci&#243;, y un d&#237;a su madre lo llev&#243; hasta la piedra y le pregunt&#243; si cre&#237;a que podr&#237;a levantarla. El joven pr&#237;ncipe levant&#243; con facilidad la gran roca, &#161;y all&#237; estaban la espada y las sandalias! La reina, encantada con la fuerza de su hijo, le explic&#243; por qu&#233; estaban all&#237; y a qui&#233;n pertenec&#237;an. Teseo se ci&#241;&#243; la espada al costado, se calz&#243; las sandalias y parti&#243; de inmediato, como su padre le hab&#237;a ordenado.</p><p>En el camino vivi&#243; toda clase de aventuras y empez&#243; a descubrir que era m&#225;s fuerte y m&#225;s listo que los gigantes que encontr&#243; en las monta&#241;as, que hicieron todo lo posible por acabar con &#233;l. Sin embargo, Teseo los mat&#243; y sigui&#243; adelante, caminando valiente y orgulloso como un joven ciervo por las colinas. Cuando lleg&#243; a Atenas, fue recibido con gran alegr&#237;a por su padre y ocup&#243; su lugar en la corte como hijo &#250;nico y heredero del rey.</p><p>Poco despu&#233;s de su llegada a la bella ciudad, una ma&#241;ana oy&#243; sollozos y llantos en la calle bajo su ventana. Cuando pregunt&#243; qu&#233; ocurr&#237;a, le dijeron que aquel era el d&#237;a m&#225;s triste del a&#241;o para el pueblo de Atenas.</p><p>En una isla lejana viv&#237;a un rey malvado que una vez los hab&#237;a vencido en batalla y, como resultado de su victoria, se ve&#237;an obligados cada a&#241;o a enviarle un regalo de siete hermosas doncellas y siete apuestos j&#243;venes. Si estos muchachos y muchachas estuvieran destinados a ser esclavos, habr&#237;a sido bastante triste, pero su destino era mucho peor. El rey enemigo ten&#237;a en la isla un monstruo horrible, llamado Minotauro, que era mitad hombre y mitad toro bravo y feroz. Se alimentaba de seres humanos, y los j&#243;venes y las doncellas le eran entregados a esta terrible criatura para que se los comiera.</p><p>Teseo se levant&#243;, cuadr&#243; los hombros y alz&#243; la cabeza con orgullo. &#161;Se le presentaba una aventura digna de &#233;l! Record&#243; a los gigantes que hab&#237;a matado cuando intentaron cerrarle el paso a Atenas. &#161;Cu&#225;nto mejor ser&#237;a ir con los siete j&#243;venes y las siete doncellas a la isla lejana y matar al Minotauro!</p><p>Ci&#241;&#233;ndose la espada, se present&#243; ante su padre y le anunci&#243; lo que pensaba hacer. En vano le dijeron que tal idea era una locura: el Minotauro lo matar&#237;a y se lo comer&#237;a como si fuera un ratoncillo en las fauces de un le&#243;n. Teseo se limit&#243; a re&#237;rse de los temores de su padre y de los cortesanos, se despidi&#243; de ellos y parti&#243; en un gran nav&#237;o de velas negras junto a las doncellas y j&#243;venes acobardados y llorosos.</p><p>Llegaron a la isla al cabo de unos d&#237;as y enseguida los llevaron a presencia del malvado rey. A su lado estaba la princesa m&#225;s encantadora que Teseo hab&#237;a visto en su vida. Mir&#243; con tristeza a los muchachos y muchachas de cabellos brillantes que iban a correr tan terrible suerte. Se le llenaron los ojos de l&#225;grimas y, cuando cerr&#243; los p&#225;rpados para ocultarlas, Teseo pens&#243; que eran tan hermosas como los p&#233;talos de una rosa blanca que se pliegan con el roc&#237;o. Su rostro tambi&#233;n era como una flor entre la espesa y oscura melena. No era de extra&#241;ar que se enamorara de ella.</p><p>Se llamaba Ariadna, un nombre tan dulce y delicado como ella misma. Sin dejar de mirarla, Teseo se puso delante de sus compa&#241;eros. Inclin&#225;ndose cort&#233;smente ante el rey, hizo su petici&#243;n, que consist&#237;a en que &#233;l deb&#237;a ser la primera v&#237;ctima en ser arrojada a la terrible bestia.</p><p>El rey se rio con desd&#233;n. Acababa de llegar del sal&#243;n de fiestas, donde estaba celebrando un banquete en memoria de su victoria. Le dijo a Teseo que le conced&#237;a su deseo. Luego volvi&#243; a sus platos de ricas viandas y a sus copas de espumoso vino. Sin embargo, Teseo fue encarcelado durante la noche, por si cambiaba de opini&#243;n e intentaba huir.</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Quirón, Pan y Baco, los extraños habitantes de los bosques]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/quiron-pan-baco</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/quiron-pan-baco</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Fri, 20 Oct 2023 10:10:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Entre los inmortales hab&#237;a varios pueblos de los que a&#250;n no hemos hablado, pero sobre los que se cantaban muchas canciones y se contaban innumerables historias, no solo por parte de los pastores de los prados de las monta&#241;as, sino tambi&#233;n por parte de los cazadores que cabalgaban con sus sabuesos por los frondosos bosques persiguiendo a los ciervos.</p><p>Los primeros eran los centauros, criaturas maravillosas mitad caballo, mitad hombre. Eran muy salvajes, muy fuertes, alegres y libres. Viv&#237;an en los verdes claros de los bosques profundos, y a veces pod&#237;a o&#237;rse el sonido de su galope en el silencio del calor del mediod&#237;a; o, bajo la luz de las estrellas, vislumbrar sus ojos, que brillaban como luci&#233;rnagas, y sus melenas de cabello humano. &#161;Cu&#225;nto se hab&#237;an asustado los que los hab&#237;an visto! Ten&#237;an extra&#241;os rostros de hombre, con los que pod&#237;an mirar a trav&#233;s de las ramas; pero, cuando echaban a correr, se ve&#237;an claramente sus cuatro pezu&#241;as levantando la hierba y el musgo mientras se alejaban.</p><p>A veces luchaban en los ej&#233;rcitos de los reyes; de vez en cuando, si se encaprichaban de una bella princesa, la raptaban y se la llevaban a sus lejanas cuevas ocultas. La mayor&#237;a de ellos no conoc&#237;an m&#225;s ley que sus propias veleidades; sin embargo, curiosamente, uno de ellos, llamado Quir&#243;n, era un gran maestro, y los reyes que quer&#237;an que sus hijos crecieran siendo buenos, valientes y sabios enviaban a los j&#243;venes pr&#237;ncipes a pasar sus primeros a&#241;os en la escuela del viejo Quir&#243;n.</p><p>Adem&#225;s de los centauros, hab&#237;a un inmortal muy extra&#241;o, llamado Pan, que no ten&#237;a patas ni pies de caballo, sino de cabra, y que produc&#237;a la m&#250;sica m&#225;s hermosa del mundo con una especie de flauta hecha con un pu&#241;ado de juncos. Pan conoc&#237;a todos los secretos del bosque: d&#243;nde anidaban los ruise&#241;ores y d&#243;nde nac&#237;an los conejos. Los cazadores que iban tras las liebres en la nieve siempre murmuraban una especie de plegaria a Pan. No siempre tuvo su flauta, y lleg&#243; a conseguirla de una manera muy extra&#241;a. Se hab&#237;a enamorado de una hermosa ninfa llamada Siringa, cuando la vio de pie en la orilla de un r&#237;o; y, sin esperar a ver qu&#233; le parec&#237;a a ella, se abalanz&#243; sobre ella para tomarla en sus brazos.</p><p>Por supuesto, Siringa se sobresalt&#243; much&#237;simo cuando alguien de aspecto tan feroz, con el pelo enmara&#241;ado y patas y pies de cabra, sali&#243; de repente de la espesura para estrecharla entre sus brazos. Dio un fuerte grito y el bondadoso esp&#237;ritu de la tierra sobre la que se encontraba la convirti&#243; al instante en un mont&#243;n de juncos. Ahora fue Pan quien se sobresalt&#243;. Acababa de agarrarla por su esbelta cintura, y all&#237; estaba ella, convertida en un manojo de juncos en sus propios brazos. La llamaba con nostalgia, y he aqu&#237; que su voz resonaba entre los juncos con la m&#225;s delicada melod&#237;a posible, como la de los zorzales, los pardillos y las currucas de los sauces cantando al un&#237;sono. Pan se qued&#243; sin aliento, sorprendido y encantado, y volvi&#243; a invocar a los juncos en voz muy baja. De nuevo le devolvieron su hermosa m&#250;sica. Estaba tan contento que se sent&#243; a la orilla del r&#237;o, at&#243; los juncos con cera y sigui&#243; toc&#225;ndolos hasta el anochecer. Para entonces, ya se hab&#237;a olvidado de Siringa y solo pensaba en la m&#250;sica de sus ca&#241;as. Y desde aquel d&#237;a hasta hoy ha tocado melod&#237;as con ellas, vagando alegremente por las orillas de los r&#237;os o por los prados llenos de flores estivales.</p><p>A veces, la m&#250;sica de Pan se ve&#237;a interrumpida por sonidos mucho m&#225;s alegres: timbales, campanas y panderetas. Luego, por los claros iluminados por la luna, bajaba una alegre compa&#241;&#237;a de juerguistas, riendo, gritando y bailando alrededor de un hermoso joven, con una corona de hojas de vid en la cabeza, que iba sentado en un maravilloso carro tirado por bestias salvajes. Unas veces eran leones, otras panteras y otras leopardos leonados con manchas en la piel.</p><p>Este joven era Baco, tambi&#233;n llamado Dioniso, y hab&#237;a crecido en una cueva entre las ninfas del bosque. Era un gran amigo de Pan, pues hab&#237;a conocido al hombre que era mitad cabra desde el momento en que Pan, siendo un beb&#233;, hab&#237;a sido transportado desde el Olimpo en brazos de Hermes, envuelto acogedoramente en las c&#225;lidas pieles de las liebres de monta&#241;a. De hecho, Pan y Baco se parec&#237;an bastante en algunos aspectos: en su amor por la m&#250;sica, la risa y las danzas de las ninfas en los claros del bosque iluminados por la luna. Pero, mientras Pan pasaba muchas horas a pie en las cumbres nevadas y entre los torrentes, a Baco no le gustaba estar solo. Siempre quer&#237;a que sus amigos cantaran y vociferaran a su alrededor mientras recorr&#237;a los bosques en su carro. Hab&#237;a ense&#241;ado a sus seguidores a hacer vino de uva, y por eso llevaba hojas de vid en el pelo.</p><p>Otro hombre, que tambi&#233;n era mitad cabra, hab&#237;a sido el tutor de Baco cuando era peque&#241;o y viv&#237;a en la cueva con las ninfas del bosque. Este tutor se llamaba Sileno y sol&#237;a cabalgar junto al carro de su pupilo, montado en un asno salvaje. En aquellos tiempos, los bosques deb&#237;an de ser lugares maravillosos, con los centauros al galope, las exquisitas flautas de Pan y las canciones de Baco y su alegre multitud de amigos.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/quiron-pan-baco">
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Perseo: el príncipe de cabello dorado]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/perseo-medusa</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/perseo-medusa</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Tue, 17 Oct 2023 15:40:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Una hermosa ma&#241;ana, en aquellos d&#237;as muy lejanos en el tiempo, naci&#243; un ni&#241;o precioso, hijo de una princesa a&#250;n m&#225;s hermosa, en una peque&#241;a habitaci&#243;n situada en lo alto de una torre de bronce.</p><p>Se pensar&#237;a que aquel era un lugar extra&#241;o para el nacimiento de un pr&#237;ncipe, pero lo cierto es que todo el asunto permaneci&#243; en el m&#225;s absoluto secreto. La pobre princesa llevaba meses encerrada en la torre, solo porque su padre, el rey, no quer&#237;a que se casara. Le hab&#237;an dicho que alg&#250;n d&#237;a ser&#237;a asesinado por su propio nieto, as&#237; que decidi&#243; que la mejor manera de evitarlo ser&#237;a no permitir que su &#250;nica hija se casara, de modo que nunca tendr&#237;a nietos.</p><p>Pero la princesa, cuyo nombre era D&#225;nae, era tan hermosa que uno de los inmortales, al verla un d&#237;a mientras volaba por el cielo, se enamor&#243; de ella. Se dej&#243; caer directamente sobre el techo abierto de la torre, oculto bajo la apariencia de una lluvia cuyas gotas eran como centelleantes fragmentos de oro. &#201;l y la princesa se casaron inmediatamente, y la lluvia dorada ca&#237;a alrededor de D&#225;nae formando un precioso velo nupcial.</p><p>Cuando el rey se enter&#243; de que, despu&#233;s de todo, ten&#237;a un nieto, decidi&#243; enviar al pobre ni&#241;o fuera del reino sin demora. Hizo partir en dos un gran tonel y lanz&#243; una de las mitades a las aguas de la bah&#237;a, donde se balanceaba como una gran ba&#241;era. Luego orden&#243; a sus guardias que fueran a la torre de bronce, llevaran a la princesa y al beb&#233; a la playa y los lanzaran mar adentro en aquella extra&#241;a barca redonda.</p><p>Los guardias hicieron lo que se les hab&#237;a ordenado, y D&#225;nae y su hijito se alejaron flotando en el mar. Era un beb&#233; precioso, con el pelo tan dorado como las gotas de oro de la lluvia, la piel clara y los ojos azules. Su madre le hab&#237;a puesto por nombre Perseo y lo estrechaba entre sus brazos mientras el barril se balanceaba de aqu&#237; para all&#225; sobre las olas.</p><p>Fueron navegando hasta que la tierra que hab&#237;an abandonado se perdi&#243; de vista, pero frente a ellos se alzaban de pronto las monta&#241;as azules de otro pa&#237;s. La marea arrastr&#243; el barril hasta la orilla, y una gran ola lo levant&#243; suavemente y lo llev&#243; sano y salvo hasta la arena de una playa poco elevada.</p><p>Paseando por la playa hab&#237;a un pescador, y es f&#225;cil imaginar lo sorprendido que se qued&#243; al ver a una princesa y a un beb&#233; a sus pies en una barca como si fuera una ba&#241;era. Este pescador era el hermano del rey y pens&#243; que nunca hab&#237;a visto a una mujer tan hermosa como D&#225;nae. Le dio ropa seca y buena comida, y una habitaci&#243;n en su propia caba&#241;a para vivir. Y all&#237; creci&#243; Perseo, alto y fuerte, y m&#225;s apuesto cada d&#237;a de su vida.</p><p>Cuando este hermoso pr&#237;ncipe lleg&#243; a la edad adulta, el rey del pa&#237;s, que lo hab&#237;a visto a menudo con su madre, pens&#243; que le gustar&#237;a casarse con la hermosa muchacha que viv&#237;a en la caba&#241;a de su hermano, y le rog&#243; a D&#225;nae que se casara con &#233;l, pero D&#225;nae se neg&#243; indignada. El rey la presion&#243; para que consintiera, y el joven Perseo, enfadado porque ve&#237;a que su madre estaba enfadada, acudi&#243; a su lado y declar&#243; que nadie, rey o cortesano, importunar&#237;a a D&#225;nae mientras &#233;l estuviera all&#237; para protegerla.</p><p>Sin embargo, el rey se dirigi&#243; burlonamente al pr&#237;ncipe.</p><p>&#8212;Si eres tan fuerte y valiente &#8212;dijo&#8212;, &#161;haz algo para demostrarlo! Por mi parte, no dejar&#233; que me des &#243;rdenes a menos que vengas a m&#237; con la cabeza de Medusa en la mano.</p><p>Perseo se sobresalt&#243; sobremanera, pues Medusa era una de las tres hermanas llamadas gorgonas, que viv&#237;an lejos, en un pa&#237;s de colinas pedregosas y valles espantosos y oscuros. Las tres hermanas eran terribles, con colmillos como jabal&#237;es, manos de bronce y fuertes alas de murci&#233;lago hechas de oro. Ten&#237;a serpientes vivas que le sal&#237;an de la cabeza en lugar de pelo, y cualquiera que mirara su malvado rostro se convert&#237;a instant&#225;neamente en piedra. &#191;C&#243;mo podr&#237;a un ser humano matarla y llevarse su cabeza?</p>
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   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El rapto de Perséfone: la doncella y el rey de la oscuridad]]></title><description><![CDATA[A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de &#171;&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!&#187;, de Blanche Winder.]]></description><link>https://escriptoriodenebrija.com/p/rapto-persefone</link><guid isPermaLink="false">https://escriptoriodenebrija.com/p/rapto-persefone</guid><dc:creator><![CDATA[Paco Álvarez Comesaña]]></dc:creator><pubDate>Sun, 15 Oct 2023 15:20:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PDv1!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F16752d04-3b95-4019-a9d8-c86267e171d4_993x993.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">A continuaci&#243;n tienes uno de los cap&#237;tulos de <em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">&#201;rase una vez... &#161;un libro de mitos!</a></em><a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/erase-una-vez-mitos-blanche-winder">, de Blanche Winder</a>.</p><p>Un bonito d&#237;a, una muchacha, hermosa como la primavera misma, jugaba con sus compa&#241;eras en un prado lleno de flores. A veces recog&#237;an grandes ramos de violetas y lirios y se hac&#237;an guirnaldas para pon&#233;rselas en el cuello y en la cabeza; a veces bailaban; y a veces jugaban a la pelota.</p><p>La hermosa doncella se llamaba Pers&#233;fone, y el prado donde jugaba estaba muy cerca de un estanque encantado, donde los cisnes cantaban como ruise&#241;ores. Pers&#233;fone era joven y feliz y nunca pensaba en algo tan serio como casarse. Lo &#250;nico que quer&#237;a era re&#237;r y cantar bajo el sol y recoger ramilletes de flores para ense&#241;&#225;rselos a su madre por la noche.</p><p>Sin embargo, mientras bailaba entre los lirios, un gran rey la observaba a trav&#233;s de los &#225;rboles en flor. Llevaba una corona de oro sobre su larga cabellera negra, y sus ojos eran oscuros y fieros.</p><p>&#8212;Esta muchacha tan guapa &#8212;se dijo&#8212; tiene edad para casarse, pero, si le propongo matrimonio, s&#233; que me rechazar&#225;, as&#237; que me la llevar&#233; a las bravas.</p><p>Decidido, apart&#243; los arbustos y se plant&#243; ante la risue&#241;a Pers&#233;fone y sus amigas.</p><p>Es f&#225;cil imaginar el susto que se llevaron las ni&#241;as al ver aparecer de repente entre los rosados almendros en flor al oscuro y feroz rey con su corona de oro. Dejaron caer sus flores y se acercaron, mir&#225;ndole con ojos asustados. El rey extendi&#243; sus fuertes brazos y cogi&#243; a Pers&#233;fone como si fuera un beb&#233;. Luego se alej&#243; a grandes zancadas sobre la hierba y, al doblar la esquina, la aterrorizada doncella vio un extra&#241;o carruaje que aguardaba, con cuatro caballos dando impacientes pisotones en el suelo.</p><p>Las crines y el manto de los caballos eran tan negros como los cabellos del rey; sus ojos, tan fieros, y su fuerza, a&#250;n mayor que la suya. El rey subi&#243; al carro, coloc&#243; a Pers&#233;fone en el asiento de al lado y se alej&#243; lo m&#225;s r&#225;pido que pudo. El carro barri&#243; el campo como una nube negra, y las flores de primavera, que Pers&#233;fone hab&#237;a dejado caer por el terror, quedaron aplastadas y destrozadas sobre el musgo. Sus hermosas compa&#241;eras de juego, abandonadas, gritaban en vano pidiendo ayuda.</p><p>El feroz rey, cuyo nombre era Hades y que era pariente de los resplandecientes, guiaba y azuzaba a los caballos para que corrieran m&#225;s y m&#225;s. Pronto lleg&#243; a un r&#237;o; en &#233;l viv&#237;a una amable n&#225;yade o ninfa del agua, llamada C&#237;ane, que, al ver lo que ocurr&#237;a, trat&#243; de detener el carro haciendo que la corriente se desbordara por la orilla y se precipitara sobre las negras ruedas y los oscuros cascos de los caballos.</p><p>Esto asust&#243; a Hades, que decidi&#243; que deb&#237;a dirigirse de inmediato a su propio reino, que estaba muy por debajo de las flores y el sol, justo debajo de la tierra. Levant&#243; su gran vara y golpe&#243; el suelo con todas sus fuerzas. Entonces, con un fuerte estruendo, la tierra se abri&#243;, mostrando un largo y oscuro pasadizo por el que el carro y los caballos pasaron con facilidad. Por este terrible camino se dirigi&#243; el rey; pero, justo cuando el carro desaparec&#237;a, Pers&#233;fone divis&#243; a la n&#225;yade ansiosa que la persegu&#237;a desesperada. Con rapidez, se quit&#243; su ce&#241;idor bordado y se lo arroj&#243; a C&#237;ane, gritando:</p><p>&#8212;&#161;Ll&#233;vaselo a Dem&#233;ter, mi querida madre, y dile qu&#233; ha sido de m&#237;!</p><p>Pers&#233;fone apenas tuvo tiempo de ver que C&#237;ane hab&#237;a cogido el ce&#241;idor antes de que la tierra se cerrara sobre su cabeza, y all&#237; estaba ella, sola con Hades, arrastrada por los feroces caballos por un camino en el que todo era oscuridad.</p><p>Sus amigas, al llegar la noche, se fueron corriendo a casa, sollozando de terror. Entonces, justo cuando las flores empezaban a cerrarse y a caer el roc&#237;o, una dama hermosa y gentil, vestida con una t&#250;nica de seda del color del trigo crecido, y que llevaba una corona de cebada mezclada con rosas, lleg&#243; caminando sobre la hierba hasta la orilla donde Pers&#233;fone hab&#237;a estado jugando. Era Dem&#233;ter, que hab&#237;a llegado para llevarse a su hija a casa. Se detuvo en seco al ver las flores silvestres esparcidas y alz&#243; la voz en una n&#237;tida exclamaci&#243;n.</p><p>&#8212;&#161;Pers&#233;fone! Pers&#233;fone! &#8212;grit&#243;; pero, aunque el grito reson&#243; por toda la pradera, no hubo respuesta.</p><p>Entonces Dem&#233;ter, estruj&#225;ndose las manos, se apresur&#243; a recorrer la tierra en busca de su hija. Busc&#243; en todos los naranjales, en los almendros y en las cuevas marinas. Cuando se hizo demasiado oscuro para ver nada, encendi&#243; una gran antorcha y sigui&#243; buscando y llamando durante toda la noche. Pero no pudo encontrar a Pers&#233;fone, que estaba en las profundidades de la tierra con el feroz rey de la oscuridad.</p><p>As&#237;, d&#237;a tras d&#237;a, la pobre madre vag&#243; por los campos, viviendo muchas aventuras. Un atardecer, mientras lloraba sentada a la orilla de un r&#237;o, vio de pronto un ce&#241;idor brillante entre los nen&#250;fares. Mientras lo miraba, unas ondas recorrieron la corriente y una mano y un brazo blancos se alzaron por encima del agua y arrojaron suavemente el ce&#241;idor a sus pies. El brazo pertenec&#237;a a C&#237;ane, la ninfa del r&#237;o, que hab&#237;a estado cuidando del ce&#241;idor de Pers&#233;fone todo este tiempo y que, por fin, pudo entregarla al cuidado de la madre de la doncella perdida.</p><p>Por supuesto, Dem&#233;ter lo reconoci&#243; al instante y lo cubri&#243; de besos. Llena de esperanza, avanz&#243; un poco m&#225;s y al poco lleg&#243; a un manantial que brotaba con espuma cristalina de un banco musgoso y luego se alejaba resonando entre los helechos y los lirios amarillos con un ruido como de campanillas de plata. Dem&#233;ter se sent&#243; a descansar junto al delicado arroyo y, entre los campanilleos del agua, crey&#243; o&#237;r el sonido de unas palabras. Escuchando con m&#225;s atenci&#243;n, se convenci&#243; de ello. Entonces, emocionada, se dio cuenta de que el arroyuelo le estaba hablando.</p><p>Esta es la historia que le cont&#243; el arroyuelo&#8230;</p><p>En otro tiempo &#8212;susurraba el agua, presurosa y brillante&#8212;, el arroyuelo hab&#237;a sido una doncella tan hermosa y alegre como la propia Pers&#233;fone, y hab&#237;a ido a cazar ciervos a las monta&#241;as con &#193;rtemis. Acalorada por la carrera, esta doncella, llamada Aretusa, se hab&#237;a escabullido al bosque en busca de un estanque donde ba&#241;arse. Mientras nadaba sola en el agua fresca, un gran esp&#237;ritu del r&#237;o, coronado de conchas y algas como un trit&#243;n, se hab&#237;a enamorado de ella e intent&#243; atraparla en sus brazos, igual que Hades hab&#237;a atrapado a Pers&#233;fone.</p><p>Saliendo del agua, ella huy&#243; lo m&#225;s r&#225;pido que pudo, y el esp&#237;ritu del r&#237;o corri&#243; tras ella. Al ver que no pod&#237;a escapar, hab&#237;a llamado en voz alta a &#193;rtemis; &#161;y &#193;rtemis la convirti&#243; en un arroyo! Bajo esta apariencia, Aretusa se hab&#237;a deslizado alegremente entre las ca&#241;as y los juncos, con nomeolvides a su alrededor y martines pescadores que atrapaban los pececillos que nadaban en su brillante cabellera. Pero el esp&#237;ritu que la persegu&#237;a, para no ser menos, se convirti&#243; al instante en un r&#237;o, tan grande que los barcos podr&#237;an haber navegado por sus aguas. Sin embargo, una vez m&#225;s, &#193;rtemis acudi&#243; al rescate. Abri&#243; de repente una roca y Aretusa baj&#243; a la peque&#241;a cueva por la abertura; baj&#243;, baj&#243;, baj&#243;, hasta que lleg&#243; al profundo reino del mism&#237;simo Hades, e inmediatamente hizo todo lo posible por escapar de &#233;l.</p>
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          <a href="https://escriptoriodenebrija.com/p/rapto-persefone">
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   ]]></content:encoded></item></channel></rss>